lunes, 31 de octubre de 2011

La tierra que nos fue dada.

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Con la ola roja, esa que a todos nos salpica,  se deslavan los recuerdos, se pierden los nombres, se escucha el ruido blanco del conjunto de sollozos. Ya no me acuerdo hace cuanto que no podemos hablar de otra cosa que no sea de la muerte. Si ya sé que lo llevamos en la sangre, en los huesos, en el corazón, para qué desmentir nuestros orígenes, por ambas partes, de esa cultura particularmente violenta y mortuoria.
Con qué motivo repensar en todos los muertos que fundaron nuestro país, todos los cuerpos desgajados y tirados a los fosos del olvido, a las fauces de los perros rabiosos. Para qué, si no hay día que la historia vuelva, que del río de la vida se expulsen cientos de seres de los que nadie sabe nada, si acaso, la tenebrosa leyenda del delito les pone una identificación que el machete y los tiros han borrado de los desechos corpóreos.
Para qué pensar sobre el campo santo en el que nos movemos, en el Páramo en que se ha convertido mi casa, mi tiempo. Sólo huesos, en el desierto; en los camiones, en los ríos, en las mansiones, en las fosas tan vacías de palabra, de aliento. Todo se convierte en barro reseco que cubre los restos, de los indígenas, las mujeres, de los chavos, de los viejos, de los niños, de los migrantes, de todos nosotros que hemos sido envueltos por el miasma del capitalismo salvaje.
Somos en el mejor de los casos, espectros. Justinos que se voltean al grito ya tantas veces citado en hoja viva, en carne muerta. Tierra de nadie, de todos; tripas desperdigadas por las banquetas, las avenidas, los casinos, los moteles, los tables.
Mujeres que buscan a sus esposos, vientres que darán a luz sin reconocer al padre. "Te miraran a la cara y creerán que no eres tú. Se les figurará que te ha comido el coyote, cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron." No hay suficientes altares, ni siquiera veladoras suficientes para encontrar la verdad. Hacen falta tantas palabras, océanos de lágrimas, campos enteros de flores, atmósferas de incienso para aliviar la multitudinaria pena...
De la tierra conocida, ya no queda nada. Las novelas baten sus negras alas en nuestra realidad. Los tiros, el polvo blanco, el ruido rojo, la linfa salitrosa, las quedas lágrimas, los pesados gritos, el conjunto nos lo devuelve la tierra, todo menos el recuerdo. Los nombres, las últimas palabras, los sueños perdidos, la patria, todo el dejo de esperanza se lo traga la justicia evanescente. Las partes del todo se transforman en la tierra recibida, en esa en donde ni las raíces de los huesos han quedado.

viernes, 21 de octubre de 2011

La pérdida de la poética

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Existe un problema que desde hace algunos años particularmente, llama mi atención. Este es sobre la forma en que imaginamos. En realidad hablar sobre procesos cognitivos es una tarea bastante seria y que en realidad no estoy capacitada para desarrollar, pero si para reflexionar en torno a los elementos que se desprenden de dicha acción.

Me cuesta trabajo creer que el proceso creativo, por ejemplo, es una acción que sólo unas cuantas pueden experimentar. El genio, a mi parecer, no es sino un charlatán que, no sólo no desea expresar sus secretos, sino que le fascina engatusar a los demás, con el cuento de que su trabajo es muy importante porque nadie más puede hacerlo. Capote decía que se puede tener el talento, pero sin trabajo detrás, no hay nada que hacer. Recordemos los años que se llevó escribiendo su obra maestra A sangre fría.
Desde luego estoy consciente que el escribir, componer, ejecutar o pintar, son acciones que necesitan de un adecuado espacio y tiempo para ir perfeccionando lo iniciado. No hay obra sin disciplina.
Sin embargo, establece una triangulación entre sensibilidad, disciplina y condiciones adecuadas para llegar a buen puerto... pero y si  la obra es perfecta, impecable, pero carece de imaginación, de ese elemento que hace que uno note una clase de verdad, de esa fuerza que nos ponga frente al mood de Ricoeur, a ese momento poderoso de la experiencia estética, lo lamentable es que esa obra no es sino una falsedad, un  frío artilugio.
Estoy convencida de que los grandes maestros, han pasado horas viendo a sus hijos o a otras niñas, jugar en la calle; o quizá nunca crecieron y decidieron llevar hasta la práxis poética, su impulso libidinal. No lo sé, pero me queda claro que uno de los elementos que permiten conectar a la sensibilidad con la disciplina, es la imaginación.
Es la poética de los elementos, de los lugares, de las prácticas lo que permite ver en una simple gota, las lágrimas de Eros. Hay inscripciones que se encuentran en todos los objetos. Algunos las escuchamos, otros las vemos. A veces en el supuesto ocio, otras tantas en los momentos límite de desesperación; otros más en las pétits morts, e incluso en la regadera. La impronta de ese mundo fascinante, se esconde detrás de las alas de las mariposas de abril; de la taza de café semivacía, del grito ahogado de pasión que todas y todos hemos experimentado, de las despedidas, de las llegadas, de las risas, de las lágrimas, de los olores, de los recuerdos...
El filósofo francés Gastón Bachelard realizó una vasta e importante obra acerca de la filosofía de la ciencia. En algunos de sus libros analiza las formas en que conocemos y creamos correspondencia con el mundo que nos rodea, en una disociación de empirismo/racionalismo. No obstante decidió ensayar, tras observar que quizá la pieza faltante para identificar la fuerza que hace crear obras como las de Mallarmé, Byron, Goethe, Matisse, por mencionar a algunos de los que se encarga estudiar.
Ese elemento lo nombró poética, en conexión con la poiesis de los griegos. En cuatro libros, Bachelard desarrolló su idea de la poética en torno a los elementos naturales que nos rodean, agua, fuego, el aire, la tierra, el espacio y el campo en donde la poiesis florece lirios cada noche de día, los sueños. Enfatizó que toda obra es capaz de producirse, si se pone atención a lo que la imaginación dicta. Si somos capaces de detenernos a ver con todos los sentidos, es decir a establecer un tipo de experiencia más sensual, sin que dejará de ser racional, pues igual se establecerían conecciones intelectivas en el acto creativo.
Viendo como están de ensangrentadas las cosas, reflexiono cómo es que llegamos a este lugar tan oscuro y pienso que entre muchas cosas, permitimos que nos quitaran la capacidad de imaginar, de crear y de experimentar con nuestro destino. Hemos aceptado las imposiciones estéticas, políticas, éticas de quienes parece, nunca imaginaron que veían animales al ver las nubes sobre sus tiernas cabezas.

lunes, 10 de octubre de 2011

Por el puro placer de ensayar la vida.

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Luego de casi dos meses de ausencia, después de algunos gin tonic´s, libros, páginas sueltas, caminos sin rumbo, paseos sin destino y con la única instrucción de dejar atrás los atavismos, la chica gin gin se dio cuenta de que la única forma de salir de su caparazón, incluso de salir de la máscara cibernética era mostrándose tal cual era, más allá de sus marcos, de sus lineas, de sus transparencias. Fue así como se observó un buen día de agosto, ante la llamada que le cambiaría su vida...
Así la gin gin, comenzó a desnudarse frente al espejo. Miró la espalda, su cabello, sus ojos avellanados, ambos brazos, sus senos... y al mirarse los pezones y la voluptuosidad esculpida carne, entendió que ya tampoco importaba si debía contar historias sórdidas, o debía crear un estilo "literario" propio. Si debía escribir sobre teoría o sobre sus fantasías eróticas; no importó siquiera si debía replantearse quién era, lo único que le importaba en todo caso, era hablar desde sí misma, o mejor dicho, desde cada una de las partes, personas, imágenes, olores, colores, sabores y memorias que la conformaban. La representación y la búsqueda del lenguaje era ya lo único que le importaba.
También se dio cuenta de la imperante necesidad de encontrar ese espacio para el flirteo con la palabra, o en términos generales, para sorprenderse sensual para sí misma en la intimidad de la reflexión, para después, pintarse y mostrarse ante los demás, como diría Montaigne, tal cual es, sin mayores artilugios ni complicaciones, con la única necesidad de expresar lo vivido, lo ensayado.
Pensó en el hecho de que la experiencia, por lo menos en la cultura occidental, quedó relegada a las bonitas páginas de Proust; bueno eso parece, pero queda la duda si ante tantos cambios contemporáneos, si ante los reclamos y las respuestas de la gente común, no será que la experiencia siempre ha estado presente, por el puro placer de compartir a los demás lo que ha sido vivido.
Luego de pensar en ella, en su todo y en la articulación de sus partes, salió un momento del rizoma de su cabeza, respiró y sostuvo por eternos segundos, la imagen que Virginia Woolf deja entorno a la lectura en The common reader, en donde lo que realmente importa es el placer de la escritura y la lectura.

lunes, 15 de agosto de 2011

De cosechas, veranos perdidos y cuartos propios para la escritura femenina...

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Entonces también la desnudez: fue una espalda blanca, 
un pecho casi plano, 
nuestro andar airoso en el arenal; fingir que eran olas, olas picaban y se arremolinaban
en nuestro cabellos, sólo olas.
Cosecha de verano, Isaura Contreras.


El verano va cediendo, yo con un pie amoratado y pensando en lo que resta del tiempo de lluvias, con el enorme deseo de algo frío pero dulce, con el deseo de escribir y con la nostalgia de mi pasado, decidí tomar un libro que en el último año se convirtió en uno de mis imprescindibles. Hace menos de un año que tuve la grata sorpresa de toparme con Cosecha de verano, y quedar helada al leer entre sus páginas fragmentos de un pasado que no conocí y que no obstante sigue tan fresco como los primeros frutos de la cosecha. El pasado de mis abuelos maternos, gente de campo y de ferrocarril que trazó al labrar la tierra y conducir por el país una máquina con la historia revolucionaria aún impregnada, el devenir de las familias que sesenta años después echaran raíces en un lugar tan inhóspito como lo es lo es la capital...

Todo esto, las historias que me pertenecen y sin embargo de las cuales tengo tantos huecos, mis raíces del bajío, la abuela que no está desde hace tanto, el abuelo que perdió la memoria y muchas cosas más me dieron una sacudida cuando Isaura me presentó su premiada novela corta, Cosecha de verano. Leer y pensar la maravillosa historia que se condensa sobre un espacio perdido para quienes habitamos la ciudad, un espacio inmenso, lleno de matices, de olores, de memorias varias, no sólo refresca los recuerdos, sino desarrolla el deseo profundo de querer un pasado verdadero, mejor aún, un retorno a la infancia en un lugar fantástico.

 Desde el principio, cavilando como sucede cuando una comienza el retorno al pasado, la protagonista enumera las cosas que le daban sentido al espacio de su infancia, esa que se iba desarticulando con el paso de la pubertad, pero también esa que latía esplendorosamente con cada signo de maravilla, incluso al sentir en el puente entre la coquetería y la inocencia, las caricias del profesor y ser parte  del jugueteo de la atracción. Son tantos los elementos y tan exquisita la forma de presentarlos, que no sé cual me sugiere más morder una guanábana fría, quizá la tía Saura, quizá la pequeña gitana Persa, quizá la construcción de un fascinante universo femenino que se hila a través de cada personaje, no lo sé, quizá incluso me encantó que fuera escrita sobre un tiempo de cosecha, en un verano en donde siempre pasan cosas inolvidables, como cuando llegan gitanos y sabes que la vida y la muerte se te aparecen en conjunto. En fin, existen muchos elementos que empalman a Cosecha de verano con el pasado no sólo el que pertenece a algunos padres y abuelos, sino a nuestro rico pasado literario.

En el presente, en momentos en que si bien felizmente la literatura de mi generación empieza a llegar a buen puerto, pues me congratula ver su desarrollo por encima de los malos tiempos políticos y económicos, la mayoría de quienes comparten la escena joven defeña escriben cosas buenas, muy buenas incluso, sobre las experiencias que dibujamos en la burbuja que flota sobre la sangre de la provincia; no obstante de repente, es obvio, se han agotado algunos temas, por suerte emergen otros y este es el caso de Isaura quien ha abierto un camino para que las historias que nos pertenecen, tomando en cuenta que en su mayoría esta ciudad es de población migrante, se construyan a través de otras formas e imágenes que la autora presenta de manera fresca y sutil.

 Quizá a quienes tienen mal gusto o no saben leer con la sensibilidad deseada, les parezca el lugar común que una mujer hable sobre estos temas. Por el contrario, la densidad de cada imagen poética que Contreras logra construir en cada línea, es de un poder que se despliega al final con mucha franqueza; ese poder se siente en el correlato de la experiencia amorosa, no sólo la erótica que muy lograda se encuentra, sino el sentir que existieron veranos en donde el amor se traducía a través de la cosecha, el cuerpo, el recuerdo y el mirar el tiempo.

Así Cosecha de verano escrita desde el cuarto propio de Isaura, ese que Virginia Woolf nos decía que por sobre todo era necesario para escribir bien y ser escuchadas, abre un camino para nuevas lecturas, otras voces.



martes, 12 de julio de 2011

De inundaciones y otras despedidas...

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Ya van más de quince días y las escenas de Macondo figuran con más proximidad en el d.f.ectuoso. Llueve y como se sabe, la fuerza del agua diluye todo lo que encuentra. Resulta curioso ver como todo lo que tiene que ver con agua encuentra una polaridad extrema; el agua por un lado, en todas sus presentaciones, incluso en esos pequeños hilos que se dibujan por la meseta blanca, parda o chocolatosa de tu rostro, presenta propiedades benéficas, hace que se limpien las cosas, que reverdezcan los campos, que los pozos se llenen, que vuelvan a fluir los ríos perdidos... Pero a medida que el tiempo se alarga y la fuerza del líquido se va acumulando, se desatan una serie de problemas que pintan tragedias dolorosas. El agua todo se lleva, dejando sólo recuerdos imprecisos de cómo era todo antes de su aparición...

Resulta todavía más curioso analizar como es que en el último año, grandes seres han decidido partir en esta ciudad y en esta época, para nunca más escucharlos, para nunca más verlos acariciar gatos, hacer trazos multicolor o dar lucidez al pensamiento de izquierda. A lo mejor,  querían tanto a la ciudad, a su vida en esta urbe, que decidieron marcharse con la esperanza de que la fuerza del agua borre el rastro de su partida y tan sólo queden en nuestros recuerdos sus ideas, sus risas, sus imágenes y todo lo que nos dieron.
Quizá sea coincidencia, pero Monsiváis, Bolívar Echeverría, Phill Kelly y ahora el maestro Sánchez Vázquez, dejan en su partida la impronta de una lucidez que nos falta y a ellos les sobra. Sí, les sobra porque siguen vivos al leerlos, al ver sus trazos y al pensar en la imagen de una sociedad que nosotros aún no encontramos, vemos o imaginamos, pero que existe, porque otros la han creado con un amor y esperanza que han dejado lista para que la estiremos, la intervengamos, la queramos, la destruyamos y volvamos a crearla, justo como junto con el agua hemos hecho de esta ciudad tan de ellos, tan mía, tan tuya, de esta que el agua borra y que se dice, quedará sepultada entre los desechos de quienes han pasado por ella.

miércoles, 22 de junio de 2011

¡Mágazo!

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Como a las 17:00 hrs en el espacio que hay entre la peatonal Francisco y Madero y la calle de Mata, se dan lugar las risas perdidas, las ilusiones ahogadas con el paso de los años y en fin, esas ganas de sentir que de nuevo el arribo de la felicidad pueril toca puerto, todo se hace posible en el instante en que nuestro personaje, imaginemos que se llama Jonás, un hombre como de cuarenta y pico de años, alto, de manos grandes, vestido con un traje negro y camisa blanca, rápidamente pone un soporte en el que coloca una maleta negra... -Mamá, ese señor, qué trae en su maleta-, -¡órales, a lo mejor se me aparece un billetito de a mil pesotes!- ¡ya va-a-sacar-sus cartas!- y así, las exclamaciones se revuelven con los colores que salen y salen en forma de pañuelos transparentosos que no cesan con el constante tirar de uno de sus extremos.
Luego las cartas, ¿quién se iba a imaginar que había naipes flotando en la calle y nadie se había atrevido a agarrarlos? Jonás termina con el truco de la cuerda y sus nudos mágicos, con el cordel que corta y luego vuelve a pegar; con un movimiento imperceptible, el trozo de piola queda intacto, sin una sola fibra fuera de su lugar, luego bueno, el truco de aparecer las monedas en el sombrero, esas que  por la mañana nuestro mago sintió que le faltaban.
En los tiempos en que usaba vestidos ampones de florecitas, en esas mañanas en que mi hermana me peinaba de coletas o trenzas, en esos tiempos en que todo sabía mejor, en que la felicidad se traducía en ver dientes de león esparcirse con el correr del viento y en que los ratones eran seres adorados, la fantasía recurrente era saber los secretos de los magos, suponiendo que sus secretos pudieran ser transmitidos y suponiendo, claro, que una vez descubiertos, yo podría practicarlos y entonces con dicha experiencia ser tocada con la gracia de la magia...
Ahora en estos tiempos,  para que decir lo que todos sabemos que ocurre con la edad; en fin en estos días en los que me conformo con recolectar los colores del cielo, los filamentos que queden de los desflorados dientes de león, la verdad es que deseo que nunca me sean develados los secretos de los trucos mágicos de Jonás, de Houdini o de la Maga, y entonces cada vez que escucho en la calle de Madero o de Gante o de Mata, MAGAZO! corro con la ilusión de encontrar el as que me falta.

miércoles, 8 de junio de 2011

La rueca...

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Han pasado meses desde la última vez que escribí, la verdad no encontraba una sola línea que pudiera parecerle significativa al lector, ni siquiera a mi ego, ni siquiera a Eunice, a los espejos, a los perros, a las plantas a mi ello...
De tres que éramos cuando empecé a escribir el presente, sólo dos hemos quedado, estrellados contra las piedras, por las fuerzas etílicas y la violencia que el inconsciente ejerce, sólo dos sobrevivimos el colapso. Ahora no hay gato que acariciar, y lo único que me queda es el resto de días de incertidumbre. En los meses pasados las noticias, los libros, las imágenes e incluso algunos deseos cumplidos se dejaron sentir por las inmediaciones de este departamento que ha quedado tan liviano que he dejado de preocuparme, por fin se ha ido el espejo que diariamente me hacia extrañas preguntas. Igualmente nos abandonó el escritorio, ese pedazo de madera autoritaria que no me dejaba salir de mi yo.
Ahora no me queda sino seguir escribiendo, ahora sólo mis plantas, mis letras y mi voz me ocupan. En algún momento de estos sueños alguna hechicera me dijo mirando al viento que mis dotes eran las de una tejedora que hila pedazos que a simple vista no tienen sentido, ni siquiera un patrón de proximidad, nada, pero por alguna razón al unirlos podía hacer que emergiera esa historia...

domingo, 20 de febrero de 2011

La puesta en escena del erotismo de Gurrola: Banquete Gurrola.

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"El ser humano constantemente se da miedo a sí mismo. 
Sus movimientos eróticos le aterrorizan[...] 
No creo que el hombre tenga la más mínima posibilidad de arrojar un poco de luz sobre todo eso antes de dominarlo."
George Bataille, El erotismo, Tusquets, Madrid, 2007.

Hace poco más de 5 años, cuando aún Caguamita y Cubaraimo no figuraban en mi sistema de representación, cuando aún mi adolesecencia se encontraba suspendida en el paso a la vida adulta, pude conocer a Gurrola. No sólo porque no fué hace tanto tiempo, sino que cada detalle lo recuerdo a la perfeción, pues se convertiría en una de esas experiencias que sabes que su impronta te seguirá por el resto de tus días. Recuerdo con exactitud mi reacción al entrar al maravilloso escenario, la cava del Covadonga, aquella mítica cantina de la colonia Roma, evidentemente no pudo existir mejor escenografía para ver en acción a Juan José; en aquella ocasión fui invitada con el fin de conocer a Carlos Martínez Rentería, nada sabía de que la reunión giraría en torno al niño terrible de teatro, pero al verlo, sentí como su imagen se incrustaba con gran fuerza en mi cabeza. Supe entonces que ese instante ya no era posible olvidarlo.

La última vez que lo ví fue en octubre del 2006. Lo recuerdo con igual perfección porque sería el día que conocí al gran maestro Héctor García para quien posee ese mañana. Esa tarde en el mismo Covadonga en compañía con Carlos y Fadanelli no pensé que sería la última vez que vería en acción a Gurrola. Cuando falleció, curiosamente la relación que tenía en aquel momento estaba falleciendo, esa que inició cuando vi por primera vez al maestro; recuerdo que no quise ir al homenaje porque yo misma estaba viviendo ya un duelo.

En fin, cada uno de estos recuerdos fueron proyectados desde el pasado mítico de mi memoria de ninfeta al ver Banquete Gurrola, presentada en el MACG desde principios de este mes. El trabajo curatorial, la museografía y el espacio, aunque pequeño, ahondan en la búsqueda del cuerpo, del ser y la pulsión. Salvo en la galería de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, recinto en donde el maestro daba clases, en ningún otro espacio imagino el montaje de este fragmento de su arduo trabajo experimental consciente e inconsciente. La idea del gabinete, como también la del paraíso, todo blanco y con celestiales cuerpos cayendo del techo, quedando suspendidos fue el escenario ideal para la observación de la intimidad de Gurrola y las féminas expuestas en posición de cópula; con trajes de Lolita, con ligueros, encarnando mesas, animales, en fin todas concebidas a través de los fascinantes trazos consumados sobre simples servilletas de papel provenientes de diversas cantinas; imagino que la gran mayoría fueron creados en el Covadonga.

El espacio entonces juega como escenario para poner en acción a Gurrola post mortem, para verlo fluir, eycular, exaltar, seducir y asombrar a través de cada uno de los ejercicios gráficos. El gabinete como el de cualquier psicoanalista, da testimonio de sus pulsiones, de sus fantasías y delirios, pero también se transforma en la gran cantina en la que podías encontrarlo invitándote también a que te desnudes, a que le dijeras tus verdades más profundas, esos paraísos negros que dejas detras del biombo de la presentación cara a cara, esos que sólo el onanismo salvan. En cada servilleta se filtra la absoluta fascinación por el arte, la pornografía y la mujer; esos  tres elementos me parecen que eran parte de sus motores para el momento de la creación, conjunto a las pulsiones y deseos que felizmente logró encarnar en cada una de las obras que nos regaló durante su paso por esta gran cantina.

La fuerza que emana del lugar deja en suspensión la forma para centrarse en el contenido, en sí la búsqueda del ser ante la terrible (en el sentido de miedo-fascinación) imagen del cuerpo femenino, en su mejor instante de extásis. Esa búsqueda del ser, propia de su generación, se concreta en una retórica maravillosa de que lo más bello, desquisiante y fugaz puede quedar registrado en un simple pedazo de papel, en una servilleta, residuo de esos palacios de disfrute popular que son las cantinas. Desde luego que se exalta la gran capacidad técnica que Gurrola tenía, sobre todo porque es fácil imaginar que mientras estaba en alguna charla-bacanal, él simplemente realizaba éstos trazos, de forma consciente pues los firmaba roturando así la acción, y saldaba esa pulsión para satisfacer otras. El cuerpo entonces es elevado de la grotesca presentación de algunas imágenes como pueden ser las mujeres animal y mesa, hasta esa imagen tan hermosa de una bella mujer de escultural cuerpo que muestra orgullosa sus piernas con liguero.

Así, ahora que han pasado los años, que yo voy dejando mis imágenes por las cantinas de esta ciudad, que mis pasiones y pulsiones van transformándose, a la salud de Gurrolla, del cuerpo, de la búsqueda del ser, del erotismo, la belleza y lo grotesco, bebo con lujuría mi bohemia como aquella tarde de mediados de octubre de 2005 en que me preguntó " y tú, cuéntame ¿cúal ha sido la imagen más angustiante que has vivido en tu corta edad?".

domingo, 13 de febrero de 2011

La observación participante montada en el barco del deseo.

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A una cuadra del departamentito de la calle de López en el que cohabito con Caguamita y Cubaraimo se desatan diversas pasiones que se mantienen a flote en el barco del deseo, en donde el brillo y los cuerpos que se deslizan con cadencia por los filamentos del averno llevan con gran ritmo con dirección al paraíso en llamas. Ya sea para bailar las pegaditas (o las guapachosas) y sacar de su mesa de la esquina a una hermosa ninfa de piernas bien torneadas que al igual que las otras que comparten su isla, toma despacito, a traguitos el elixir que les hace soportar el transcurrir de las horas montadas en tacones de aguja, si el cuerpo sólo desea el acercarse un poco más de lo normal, casi como las coreografías que se deben de montar en el metro a hora pico pero con permiso de la bella dama; sentir el sudor correr al final de una vuelta y estrechar las caderas y conjunto a detener con el pecho el bamboleo de los senos, o incluso si sólo el bolsillo alcanza para calentar el alma sin llegar a las llamas, la cuadra de Independencia esquina con López es el escenario en donde se desplazan las mejores coreografías con sabor oriental.

Pero si el cuerpo no aguanta, si el deseo de la mirada sucumbe a la fantasía y una necesidad inminente de ver y gritar aunque sea para uno mismo "pelos, pelos" y claro si se cuenta con más de $500, entonces el deber es ir al Kefrén, al Life o a cualquiera de los templos carnales que nos circundan. Como todos los lugares, cada uno de éstos tienen sus reglas, sus tipos sociales, tipologías del comportamiento, pero sin lugar a dudas el esquema de estimulo-respuesta queda suspendido en la presentación de la persona ante un escenario de total excitación y la respuesta de su propio cuerpo que puede que quiera ir más allá de ver a las ménades en pleno alkelarre, pero si él o ella no cuentan con más de 1000 pesitos el punto es que lejos estarán del paraíso privado.

Cómo todo templo en donde se adora al cuerpo, los lugares del deseo tienen miles de aspectos que ofrecer a la observación participante; es claro que la objetividad se diluye en los alcoholitos que se sudan al ver esas enormes caderas moverse al ritmo de los Fabulosos Cadillacs, como también es claro que la impresión que Mallinowski sufrió de sentirse estudiado también se experiementará en estos lugares, pues uno termina siendo objeto de estudio de las ardientes ninfas en sus ratos de aburrimiento. Lo que es cierto, sea por gusto personal, por necesidad corpórea, por tentación, por soledad, por deseos de hacer una investigación, la experiencia del voyeaurista es algo que no puede suprimirse del deseo de la vida.

jueves, 10 de febrero de 2011

Desdoblamientos...

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Sucedió hace poco más de quince años la primera vez que la vi. Era linda, superficialmente linda, con una frescura tan impetuosa como la primera lluvia de mayo y tan febril como la primera mordida a una fruta nunca antes vista. Era la página nunca escrita pero siempre deseada desde antes de su concepción; el beso siempre soñado y nunca recibido. El sabor no inventado, el aroma de la noche de primavera. Ella era todo eso que una siempre anhela ser, encontrar, besar, amar y... odiar.
Así fue desde siempre, desde el primer sueño amoroso en que me decía tiernamente despierta y pasionalmente despierta le susurraba al oído duerme. Eramos dos al anochecer, tres al amanecer, una en el cenit. Siempre juntas, en tremenda contienda una contra la otra, una sobre la otra, revueltas sin necesidad de saber en donde terminaba mi cabello y en donde comenzaba su ser. Ahí me veo tumbada boca bajo con la duda naciente entre mis muslos, con la intranquilidad del ave de llegar al nido y sentir el inminente rapto de su cría.
Siempre ella, siempre yo, siempre ambas escribiéndonos, glosándonos, devorándonos,deglutiendo cada palabra no dicha a ningún otro. Día tras día, sucumbo entonces a la necesidad de suspender por un tiempo indefinido la búsqueda de la nada, la partida fortuita o el intercambio por alguna otra que desee estar a tiempo conmigo. Sin embargo me he enterado en cartas, que ella ha escapado, viaja por lugares que no conozco, a los que nunca hemos soñado viajar. Dá vertigo, pero también una enorme felicidad, saber que la han visto, colgada de otra chica, paseando felizmente por las calles de Santiago, compartiendo su sonrisa, nuestra sonrisa con los labios de Tania o puede que Estefania, no sé.
Ahora sólo me queda esperarle, ser paciente y seguir deseando que un día ella me encuentre de nuevo caminando por las calles del barrio, comiendo un raspado de grosella o cualquier cosa fría pero dulce y mirándome como lo hace cuando me nombra para existir.

domingo, 16 de enero de 2011

Todo salió mal...

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Todo salió mal desde que una tarde de verano sin saber cómo, sin tener la mínima idea de saber qué hacer con el resto de mis días, una estampida de seres informes, pueriles e imberbes, decidieron mi destino. Todo salió mal desde que un enano vicioso decidió que él era el elegido. Poca cosa puedo hacer, me digo mientras estoy lidiando con las miles de preguntas que me subyugan cotidianamente...

Es bien sabido que al inicio del año en la mente de cualquier mortal de ésta época, se dibuja primero difusa y luego certeramente, la silueta de un abánico de dudas que desembocan en crisis. Ahora ya crecida, las crisis son mi agua y mi sal; crisis de identidad, crisis vocacional, crisis emocional. CRISIS: es el puente que cruza de avenida confusión, a calle melancolía // Sinónimo del tiempo vital euniciano. A mis veintitantos años, una esperaría, como hace veinte años infantilmente aún se creía, que con el paso del tiempo, cesaría esa molestia en el pecho que siento cada fin de quincena. Que con la llegada de la pareja, con un trabajo semiestable, además de los enseres que vienen en el paquete madurez pequeña burguesía, podrían hacerme sentir plena, quizá feliz, lo que quiera que eso signifique.
Yo no sé que clase de idiota puede sentirse bien en las circunstancias en que nos encontramos. No sé que clase de ser inmundo, falto de conciencia, de ética, incluso de sensibilidad, puede pensar que uno puede estar bien en un estado de excepción. La vida ya no da para esperar nada; apenas y los minutos en que le doy tragos a mi cerveza, en mis conversaciones con Caguamita y Cubaraimo, en los alientos que el primero me arrebata, siento que estoy viva, que la vida fluye y luego... ¡BANK! Tiros, violaciones, sangre, miseria, miasma y una falta de humanidad que te hace sentir no querer más pertenecer a esta especie biológica, ni siquiera existir.
Todo salió mal la noche en que por un par de horas, creí que las cosas iban en otra dirección y luego sin saber porque, desperté con la muerte anunciada de los cuerpos, de las mentes y sentires de toda una generación, que hace más de un siglo, no sabe cómo dar cuentas de lo mal que salió todo.

viernes, 7 de enero de 2011

De cómo exorcizar miedos...

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Normalmente los días 6 de enero me parecen un tanto tediosos. Son como esos momentos que te sientes sitiado y no sabes como comportarte, cualquier movimiento en falso puede costarte, desde llantos infantiles, hasta las críticas de que eres un témpano, para finalmente llegar al consabido adjetivo de amargada...
Vivir en el corazón del d.fectuoso tiene la particularidad de exorcizar los miedos. Desde los más ocultos, como caminar entre indigentes a las 2 de la mañana, pasando por el miedo a los temblores, la agorafobia o los ruidos extraños de la noche, los cuales se traducen en mentadas de madre, gritos de trasvestís; borrachos reclamando el ser sacados de los tugurios, entre otros que después se convierten en el canto de ballenas para dormir, es decir, sin ellos no puedes pegar los ojos.
Sin embargo, dado el contacto cuasi obligatorio que tienes con la gente, nadie se salva de rozones con extraños en las calles, cruces, metros y plazas, me he dado cuenta que el secreto es que al final todo se integra a tu cotidiano. Eso me pasó con la fiesta de los Reyes Magos.
Desde hace más de una semana, miles de duendes con coronitas de papel dorado, hadas con brillantes tiaras llevando en sus pequeñas manos globos y grandes algodones de azúcar habían estado pasando por mi acera. Incluso más de una vez, un duende o hada me embarró de azul azúcar mi chamarra o brazo; son muy raras las substancias que las hadas y elfos segregan en estado de felicidad.
En fin, las dos primeras noches estaba tan asustada que no deseaba salir de mi departamento; eran rios de ellos los que corrían a lo largo de la calle. Sin embargo al cabo de tres días, me daba curiosidad ver lo que hacían, en que idioma se comunicaban y sobre todo el lugar al que se dirigían. Dicen que eran miles, otros centenas, no sé, sólo me percate que iban y venían a una especie de santuario expuesto y dispuesto sobre Eje Central, motivo por el cual, también en mi calle alaridos de claxóns se escuchaban desde las 6 hasta las 11 de la noche.
Ayer finalmente pasamos por el santuario, por miedo a convertirnos, -no creemos en los conversos- exclamábamos a coro Caguamita, Cubaraimo y yo, husmeamos sólo un poco. Luces de colores, olores dulces, dicen que a los duendes y hadas les fascinan, globos, coronas, juegos de diversas formas y mares de reyes, reinas, hasdas y duendes, aquello era inverosímil, dado que vivo en un lugar en donde cuenta la leyenda patria, que la realeza nunca existió...
Lo más emocionante de todo, fue un juego en donde los pequeños seres se introducían en unas grandes pelotas, éstas eran infladas para luego ponerse a rodar en una albercucha de agua, sucia. Era fascinante verlos desplazarse a través de esos planetas transparentes que iban sobre el miasma, pero los de adentro quedaban intactos. Me dije sin pensarlo, deseo estar ahí, el problema es que dadas mis dimeNsiones no fue posible. Una pena, en verdad me parecía lo suficientemente etéreo para experimentarlo.
Creo que al final, mi miedo a esos Reyes Magos fue desapareciendo en la comisura de mi boca, que según Cubaraimo, levemente dibujaba una sonrisa.