viernes, 16 de marzo de 2018

Voy a doctorarme y no hice entrevistas...

Hey, de nuevo, una escritora en ciernes intenta conectarse de alguna forma con lectorxs cuyos rostros posiblemente nunca tendré en frente. ¿Acaso existe un lector ideal? Hace poco al revisar mis antiguas entradas, me di cuenta de lo asfixiante que se volvió este espacio, creo que las personas que lo han revisado, no sólo se han aburrido, de antemano me disculpo ¿o no?, sino que también pudieron percatarse del tremendo estado de estrés y agonía que me ha paralizado los últimos, quizá cuatro años...
En términos generales mi vida no ha sido lo suficientemente mala como para arrojarme a la vida simple y sin discrepancias que, lo confieso, en ocasiones sueño que podría tener. Pero no, la verdad es que si he de ser franca no hay modo alguno en que quiera experimentar días sin perturbaciones o de completa aceptación con quienes me rodean, francamente no sería yo y puede que incluso sería una señal, quizá poco ortodoxa, de que finalmente me he dado por vencida.
Estoy a punto de terminar mi tesis de doctorado y creo que apenas voy sopesando la densidad del hecho. La verdad es que no sé si estoy feliz, me siento algo paralizada, es decir, en aproximadamente 13 días entregaré el borrador  y todavía me faltan cosas que apuntar y tengo todas las respuestas, todo el material, excepto entrevistas. La razón es que a pesar de que la idea es que me doctore en sociología, la verdad es que me dI cuenta de que le tengo miedo a la gente, es algo que no pude combatir y que puede que me cueste credibilidad metodológica en el diseño teórico que elaboré durante estos casi cuatro años. Al parecer soy experta en sociología del arte contemporáneo, me la viví en Zona Maco, invertí una buena cantidad en libros y catálogos, fui a archivos y todas esas cosas que la práctica de la investigación exige, pero la verdad es que no pude hacer entrevistas en forma, no a Cuauhtémoc Medina, no a Amorales, bueno ni siquiera a Mónica Mayer que es la persona más dulce que he conocido. Simplemente no pude, algo cercano a mis pesadillas sobre el miedo a los ánimales, o simplemente no quería perder la pasión que me llevó a construir una tesis de más de 200 páginas.
No, no estuvo bien, no es objetivo tener ese miedo y en cambio amé leer cada libro y testimonio encontrado sobre la década de los noventa, creo que me pareció alentador leer recuerdos tan vívidos como los registrados en el libro de Licenciado Verdad o incluso conocer a Alberto Híjar y ver la total congruencia con lo que ha escrito los últimos cincuenta años. No sé, quizá sea infantil, pero luego me di cuenta del tremendo miedo que le tengo a perder la pasión, tampoco deseo perder esas cosas, algunas naif e inocentes, que me quedan de mis veintitantos y de mi estadía por aquella casona de Liverpool 16 en la Ciudad de México, sí esa misma donde centenares de noveles escritores de entre 18 y 30 años de todo el país sueñan con estar y ocupar un cubículo de la vieja casa donde incluso vivió Paz.
¿Que sí en este tiempo no me he olvidado de querer ser escritora? No lo creo ¿acaso alguien que haya vivido tan cerca el proceso de dos generaciones de escritores puede hacerlo? Así como pienso en mi hija Vida, no hay momento en que no piense en las ganas de escribir, en los libros que aparecen en la vigía, en las cosas no concretadas... ¿Fracasé? no lo sé, desde que salí de ahí me tomé muchos descansos, fui maestra, tuve una hija, ingresé al doctorado, viví, encontré nuevas experiencias sexuales, estéticas, afectivas e incluso de vida cotidina ¿quién iba a decirme que soy buena para inventar canciones de cuna?
No sé qué siga. Cuando me pienso como "doctora en sociología", la verdad es que no me veo ahí, lo amo, adoro enseñar sociología, pero siempre he odiado los grados académicos. Siempre me siento como una escritora en ciernes, tengo una novela que, ya saben por lo que he escrito antes, no le ha ido bien, no se ha publicado, no ha ganado nada y sin embargo la odio y la amo como la primera vez que comencé a escribirla. Como si el miedo me exigiera a no concretar nada, porque luego de que el deseo se haya saciado, ¿qué otra cosa podría hacer?
Voy a doctorarme y no hice entrevistas, acaso ¿podré perderle el miedo a los animales?

lunes, 6 de noviembre de 2017

Las razones del silencio. Violencia sexual e impunidad en la CDMX.


Hace unas noches a poca distancia de mi casa fui víctima de violencia sexual. El incidente ocurrió como usuaria de una unidad de transporte público cuya ruta me deja cerca de casa. Un hombre de aproximadamente cincuenta y pico de años se atrevió a rebasar mi espacio personal, imaginaran casi nulo, además de sentir sus genitales, me tocó con su mano a la altura de mis nalgas... Inmediatamente lo increpé, no niego que lo pensé pero finalmente tomé el valor para decirle que me había dado cuenta y que era un desgraciado. Como en todos los casos, el hombre me insultó, pero no pudo soportar la risa. Todavía no sé por qué , pero se bajó en mi parada, no imagino si era porque él vive cerca de mi casa, espero que no, o porque no se dio cuenta que yo me bajaría ahí. En la esquina de mi calle hay un Seven y justo afuera se encontraba un elemento de Seguridad Pública, la verdad es que no dudé ni por un segundo en solicitar su ayuda para detener al hombre que me había violentado, supuse que iríamos al Ministerio Público, incluso me sentí aliviada. 
De acuerdo al Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante el primer trimestre de este año en nuestro país se denunciaron 16,631 delitos sexuales, de los cuales 6, 444 fueron casos de violación. En la nota del periódico Excelsior del día 16 de julio del año en curso, se indica que la Ciudad de México es la segunda entidad con mayor registro de denuncias por violencia sexual desde el 2007. Sin embargo, no se tienen en realidad cifras reales, pues según la Comisión Ejecutiva de atención a Víctimas, organismo dependiente de la misma SEGOB, muchas veces la víctimas no denuncian y cuando lo hacen, en realidad no se cuenta con el seguimiento que corrobore que dichas denuncias han contado con la procuración e impartición debida de justicia:
"el Diagnóstico sobre la atención de la violencia sexual en México de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) de la Secretaría de Gobernación (Segob), el cual menciona que 94.1% de los delitos no se denuncia.
El diagnóstico detalla que entre 2010 y 2015 se abrieron 83 mil 463 expedientes por diferentes delitos sexuales, incluida la violación. Aunque el estudio realizado por la institución no detalla cuántas averiguaciones previas se iniciaron por violación sexual, asegura que entre 2010 y 2015 se atendió a 35 mil 898 víctimas por ese delito en procuradurías y fiscalías del país."  http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/07/16/1175891 
Esa noche el alivio no me duró más que tres segundos. El oficial dejó ir a mi agresor, quién impunemente escapó a bordo de la misma unidad donde habían ocurrido los hechos, pues para mi mala fortuna el alto le dio la oportunidad de firmar un delito de violencia sexual que había quedado impune. En ese momento dos ciudadanos se solidarizaron y le dijeron al elemento que su deber era haberlo aprendido. El silencio de un minuto se rompió con la amenaza de que él podía llevarlos detenidos a la Delegación. Yo no daba crédito y mi deber era exigirle su nombre, hacer algo, pero en el fondo sabía que no podía hacer nada. Otro elemento se encontraba en el interior del local, él no había tenido nada que ver y sin embargo llamó a sus superiores quienes llegaron a bordo de un par de patrullas, mientras que el oficial huyó en su bicicleta. Me avergüenza no saber las identidades de los hombres que me ayudaron y me creyeron en todo momento, pues presionaron a los elementos de seguridad, quienes nunca me quisieron dar sus datos, y dijeron que estaban dispuestos a ir conmigo a la Delegación Tlalpan para denunciar, sin embargo, dichos elementos también los amedrentaron. Lo único que pude hacer es obligarlos a que trajeran de vuelta al oficial y que me dieran sus datos, cosa que hicieron, pero me dijeron que a la Delegación no, que si yo quería lo arrestarían 36 horas. Cuando a este servidor público le preguntaron delante de mí los hechos, éste me revictimizó, pues objetó que no le constaba mi testimonio, simplemente que no me creía.


Había transcurrido una hora, llovía muchísimo y eran ya las 23:00 hrs, mi pareja y mi hija estaban en casa y yo no podía hacer más, pues ninguno de los oficiales me ofrecía ningún tipo de apoyo y francamente me encontraba cansada y harta.
Cuando llegué a casa, mi pareja ya había hecho una denuncia vía telefónica a la Unidad de Contacto del Secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, había retuiteado mis mensajes, había hecho todo lo que estaba en sus manos y ellos le dijeron que debíamos ir al otro día a realizar la denuncia correspondiente por la negligencia del elemento antes referido. No negaré que me quedé dormida y que hasta el otro día llamé al INMUJERES CDMX para saber qué podía hacer. Lo primero que me dijeron es que debí hacer ido a la Delegación, ajá a las 22:00 sola y sin apoyo legal, y que debía hacer otras dos denuncias en dos entidades distintas para abrir expediente en contra del elemento de seguridad...

La CDMX cuenta con un Programa de Fortalecimiento a la Transversalidad de la Perspectiva de Género, del cuál se generó en el años 2015 y con recursos públicos un Diagnóstico de la efectividad de la aplicación y uso del protocolo de prevención, atención y erradicación del acoso sexual en el GDF(SIC) http://www.inmujeres.cdmx.gob.mx/storage/app/media/Estudios_Diagnosticos/Diagnostico_Protocolo_Acoso_Sexual.pdf
De igual forma, cuenta con el programa Viaja segura en el transporte público y como saben o imaginan, una variedad de programas que intentan promover la equidad de género, la prevención de abuso y violencia sexual, así como el tratamiento a victimas de los mismos. http://www.inmujeres.cdmx.gob.mx/
Esa mañana experimenté las razones por las que millones de niñas y mujeres en el país componen desde el silencio la danza del cuerpo violentado que a cada segundo cuenta con otro milimetro de dermis lacerado, violado, exterminado, calcinado, degollado, invisibilizado.


Sé que como ciudadana fuí irresponable al no haber ido a denunciar. Sé que mi caso no estará en las estadísticas, es más, ni siquiera en redes, las redes no son la vida y en realidad nada de ellas importa, tuve ninguna respuesta ni siquiera de apoyo por las compañeras feministas, solamente mi pareja, mi madre, mi hermana, mi prima, Mariana Arteaga, mi maestro Bernardo Ruíz y mi mejor amigo Diego Álverez Robledo quien otra vez como siempre ha estado de mi lado, me ungieron con su apoyo y amor. No denuncié porque aunque en la llamada del INMUJERES fueron muy amables, en realidad no me daban alternativas, solamente la denuncia y ante la experiencia de la noche anterior y mis prejuicios, tomé mi derecho de dar vuelta a la hoja y quedarme con mi ira como otras tantas veces. Al final de la llamada, me dijeron que "aunque su talón de Aquiles siempre iba a ser la Seguridad Pública, que bueno que dos ciudadanos me habían ayudado".

Mañana debo tomar la misma ruta por la noche y francamente tengo mucho miedo, pero al igual que tomé la decisión de callar y no denunciar, también tengo el absoluto derecho de tomar mi vida, tomar la calle y sostenerme con la fuerza de ese mismo cuerpo, con la fuerza que otras mujeres como yo tienen para vivir en un lugar donde a cada segundo se proclama la nula vida.
Programa Viaja Segura INMUJERES (LÍNEAS DE AYUDA Y PÁGINA)http://www.inmujeres.cdmx.gob.mx/vida-libre-de-violencia/viaja-segura
Para la detección y protección de abuso sexual hacia niñas y niños, aquí la liga de la UNICEF https://www.unicef.org/argentina/spanish/proteccion-AbusoSexual_contra_NNyA-2016.pdf

jueves, 25 de mayo de 2017

Me hubiera gustado titular esta entrada algo así como "Hablemos de sororidad" pero en realidad tengo muchas dudas sobre el concepto y las prácticas de uso. Seré franca, luego de mi primer año como madre sentí una verdadera desilusión, no sólo por que en ese momento me sentía abatida y llena de temor al sentir que no podría cumplir con los retos que yo misma me había impuesto, sino porque mi propio círculo de amistades digamos que no comulgó con ella, o no como lo esperaba, incluso cuando la destacan como algo básico para el feminismo.
La experiencia de la maternidad me ha llevado por diversos umbrales y desde luego ha puesto en tensión en diversas ideas que tenía no sólo sobre el feminismo, sino sobre diversas facetas de mi vida. Soy una doctorante de sociología que por mera pasión se le ocurrió crear un tipo de modelo teórico sobre la sociología del arte para el caso mexicano,  además de contar con una beca CONACYT de tiempo completo, por lo que fiel a mis convicciones me propuse ejercer mi maternidad a la par de mi propio proceso académico, como es el caso de muchas compañeras en diversas áreas de investigación en nuestro país. El asunto es que en realidad en tan dificíl como suena, es más, es el triple de cansado e incluso doloroso de lo que me imaginé cuando Vida navegaba en mis profundidades.
Tengo la fortuna de contar con una pareja que ha ejercido su paternidad de manera igualitaria y de eso no tengo queja, a pesar de la tira que anda circulando desde hace unos días sobre la carga mental que las mujeres tenemos sobre los hombres y que me pareció sumamente ilustrativa para visibilizar un problema doméstico que desde luego se vuelve político, sinceramente yo creo que tal carga la llevamos entre los dos. Pero no solamente se trata de las situaciones domésticas, las noches, a veces completas, de desvelo, los constantes cambios de pañales y ropa, las cargas interminables de la lavadora, las habilidades pedagógicas para criar desde la reciprocidad, el amor y el respeto, la presión de las miradas externas y todas esas cosas que sin duda todxs pasamos ante esta etapa. Más allá de eso, se encuentra el verdadero reto de vencer terrores, frustraciones y egoísmos para poder llevarla lo más ligero que se pueda y de paso no arruinar el inconsciente de la bebé. Esa es la parte donde en más de una ocasión, me he visto en la necesidad de darme chance para sentirme incluso triste por no saber cómo actuar.
En teoría una debiera de contar con un círculo de apoyo, un sostén de comprensión y cuidado, digamos una red en la que sabes que puedes caer cuando el vértigo te derroca. Y sí, pensaba que dicha red existía y estaría ahí, pero al igual que el amor romántico, tan despreciado ahora, para mí fue como un mito, o más bien no se presentó de la forma en que te lo venden.
Seguramente existen millones de madres primerizas y posmodernas en busca de consuelo ante los embates de las experiencias no siempre gozosas de la maternidad. Una parte de mí quiere pensar que lo encuentran, que sus amigas van a verla, a chulearle al chico, a mimar a la madre que de pronto en el posparto se siente rara, avejentada hasta medio fea, aunque no sea cierto, pero sobre todo ansiosa porque no sabe cómo será su vida ahora que se ha multiplicado, pero otra parte desea que esa misma madre encuentre esa calma y seguridad en ella misma. Cabe mencionar que yo soy la clase de chica que se deprime ante el primer bache, así que si bien no experimenté una depresión posparto profunda, lo cierto es que me sentía sola e incomprendida.
Suena feo, pero a la fecha tal círculo nunca vino a visitarnos y no creo que sea por malas personas, simplemente comprendí que mi experiencia construyó grados de separación.
Poco a poco fuí recuperándome de esa herida y desde luego fuí agarrándole el ritmo a la experiencia de crecer junto a una bebé. Es cierto, a veces siento que caigo en el mito de la súper madre que debe hacerlo todo bien, digamos que resulta muy tentador, sobre todo si tienes un afán de competir incluso contigo misma, pero lo importante es que ese apoyo llegó de otras mujeres y hombres que no se encontraban en esa lista.
Por ejemplo, mi primera salida de la zona de confort de cuidados maternos me la dio una de las mejores dramaturgas de mi generación. Mariana Gándara me contactó con Mariana Arteaga para colaborar en un hermoso proyecto de danza contemporánea urbana llamado Úumbal. Ese tremendo detalle me cambió la vida, porque por primera vez en meses me sentí activa, incluso valorada y por lo tanto apoyada. Y no es que Mariana hubiera escuchado mis intensos y llorosos relatos sobre el hecho de que Vida un día decidió que ya no quería pecho, o la primera vez que se enfermó, o que ya no cabía en mi minifalda de antes, no, únicamente me valoró y me presentó a otra maravillosa mujer que cambiaría mi idea del arte y la ciudad por completo.
O el caso de mi tutor, quien siempre ha apostado por mí, aún en los momentos más extraños de locura y retrasos de entregas.
El caso evidente de mi pareja, quién siempre ha encontrado la manera de sostenerme incluso cuando parece que el colapso es inevitable. Y por fortuna existen otros hombres que desde diversas trincheras me han dado ánimo y apoyo para que no deje de escribir o incluso de estar en el doctorado.
Pero existen tres mujeres a las que sí les debo mucho, evidentemente a mi madre, a mi hermana y a la madre de mi pareja. Entre las tres lograron tejer esa red de la que hablaba en un principio y claro, no siempre están sincronizadas, pero creo que son lo más cercano que tengo a un ejemplo real de sororidad.
El día de hoy fue tan intenso que por un momento sentí que no tenía caso seguir con el docto, por dramático que suene, la presión en ocasiones es tanta que me rebasa, porque entre otras cosas no he podido encontrar los tiempos adecuados para lograr perfección dentro del proceso de la escritura de mi tesis. He dicho que soy becaria CONACYT, ya en otro momento hablaré sobre las becas y los costos beneficios de contar con dicho apoyo estatal, y por ello siento un doble compromiso de hacer una trabajo excelso,  porque decidí ser madre e investigadora y en esa dupla no puedo sino buscar la perfección, o morir en el intento, porque si no, de qué diablos sirve tanto esfuerzo, tanta pasión, tantas dudas y noches de insomnio.
Justo ahí se encuentra la necesidad de contar con el apoyo de las demás, y no hablo de cuidados infantiles mientras una se da sus escapadas sea por la tesis o por mero placer, sino que en verdad es una carrera contra reloj y de un esfuerzo que en ocasiones olvido lo que se siente dormir plenamente. Todavía no sé si la sororidad sea la panacea a todas las angustias que millones de mujeres ante diversas situaciones de nuestras vidas experimentamos, en realidad yo lo abriría hacía una condición trans donde las prácticas de afecto y reciprocidad necesariamente tienen que venir de cualquier género.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Este espacio lo he dejado de manera intermitente, pienso que es su forma de estar, es un tejido que de manera simultánea une y deshace hilos, conexiones, temas y en general, pasajes de mi vida. Mi manera de estar en la vida real también se presenta de esta forma, un estar y no estar con los demás, un chispazo y luego un silencio que poco a poco me mina hasta que de nuevo tengo ganas de salir, de hablar, de repensarme. A estas alturas, poco me importa si aun existe quien lea este espacio, una valija que ha viajado a lo largo de casi ocho años sin ningún otro afán que construir un puente entre mis experiencias y el desdoblamiento de una escritura que a veces siento que estará por siempre en ciernes.

En el último año no he hecho sino darme a la tarea de reconocerme en el cautiverio que a veces la maternidad demanda. Con todo y que estoy en el tercer año de doctorado en sociología, estos casi dos años me he dedicado a experimentar de lleno el cuerpo maternado y con él todas las implicaciones de ser funambulista y madre de tiempo completo.

No, no he publicado mi primer libro. No, ya no voy a reuniones de escritores y no, ya no tengo la chispa de los veinte que me hizo desear dedicarme de lleno a la escritura, pero a estas alturas ya poco me importa si esas cosas suceden o no. Definitivamente existen cosas que me resultan más importantes que la propia vanidad no sólo de saberme escritora, sino de que se me reconozca como tal. Lo soy y ya nada más me importa.

Parto de la idea de que una vez que he dejado el atavismo de no ser reconocida entre las escritoras de mi generación, la verdad es que lo único que me interesa es escribir. En este par de meses, de los más accidentados de los últimos tiempos, miles de ideas me pasaban por la cabeza, esta entrada la pensé tantas veces que ahora que la escribo, nada tiene que ver con aquellos apuntes mentales. Hubiera querido escribir sobre las cosas que nos aquejan, sobre los feminicidios, sobre los diversos feminismos, sobre la última novela que leí, sobre las cosas que me fastidian de los propios feminismos y los estudios críticos, sobre mi experiencia en mi estancia doctoral en el CEIICH de la UNAM y más, pero abiertamente creo que no era el momento de hacerlo. Imagino que todavía me importaba no ser valorada, imagino que mi vanidad no hacía sino paralizarme.

En próximas fechas cumplo 33 años, cuatro de casada, cinco de vivir en pareja y dos de ser madre, puede que suene pesado, fatuo incluso, pero no son sino marcas de un arduo aprendizaje sobre todo de compromiso y disciplina, de una pasión que no se agota y en general de un desdoblamiento que me ha hecho capaz de reconocerme en cada una de las improntas que dichas experiencias me han dejado. Reconocerme en cada error, en cada ruptura, en cada incidente de violencia, en cada goce, en cada iluminación ha sido lo que ha quedado en esta valija y siendo fiel a la poética de la misma, no hago sino escribir sobre el estado de libertad en el que ahora habito.

Es casi como mi deseo de no borrar mis estrías del embarazo, porque cada marca me ha hecho la escritora que soy.

En general, me es más fácil decir esto acá, porque sé que el blog ya es una reliquia, pero como siempre voy en contra de todo, he decidido hacer lo que nunca hice: escribir casi diario lo que me venga en gana. Cerraré mi face y este será el único medio por el cual me encuentre activa en la red. Así que esperen reseñas, ideas que me vengan sobre problemas sociales o simplemente lo que haya ocurrido en mi día. O no, no esperen nada, no me lean, no dialoguen con mis ideas, no me hagan sentir escuchada, porque de cualquier forma lo haré.

P.d. Acá un enlace a mi último artículo publicado en la excepcional revista de la Universidad Autónoma Metropolitana (México), editada por los maestros Conde de Arriaga y Alejandro Arteaga, a propósito del centenario de Leonora Carrington y su escritura.
http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/40_may_2017/casa_del_tiempo_eV_num_40_24_27.pdf



viernes, 10 de junio de 2016

Lo personal es político. En espera de un buen parto social.

Durante estos días he estado repensando el lema "lo personal es político" acuñado por Kate Millet en su libro Sexual politics de 1969. Las ideas de Millet funcionaron como cabeza para plantear la base del movimiento feminista radical de finales de la década de los sesenta. En él plantea la condición de las relaciones en el ámbito de lo privado y su efecto e inserción en el ámbito público, político sin más, desde las vinculaciones entre la diferencia sexual y las relaciones de poder. Desde luego que pone el dedo en la llaga al admitir que las relaciones establecidas desde el ámbito familiar contienen un nivel político, pues al ser reproducidas mantienen el dominio del patriarcado en absolutamente todas las esferas que sostienen el constructo social. De ahí que utilice el concepto de política para definir estas relaciones, pues la construcción y reproducción de las prácticas creadas desde el ámbito familiar, como la marcada diferencia de los sexos, la división del trabajo de acuerdo a esta diferencia, así como el control económico, conforman una cultura que legitima socialmente el sistema de opresión patriarcal y que deviene control político. Desde luego que su teoría es mucho más compleja que lo que apenas anoto es estas líneas, sin embargo, hago referencia a las ideas de Millet porque una serie de cuestionamientos en torno a los feminismos contemporáneos y a los estudios de género me asaltan de manera constante. No lo niego, de alguna forma me resulta fascinante que en los últimos meses la vida pública en nuestro país se ha visto inmersa en temas que nos tocan profundamente, como la violencia de género, sin más los múltiples feminicidios que dolorosamente ocurren en todo el país, las malas condiciones laborales para las madres trabajadoras y todos los temas que articulan una historia de violencia y horror en la vida cotidiana de las mujeres... pero ¿solamente en la vida de las mujeres? Deseo ser clara, desde luego que mi interés hacia el feminismo, desde mis comienzos a mis 16 años, tiene que ver con los múltiples problemas, prácticas de violencia y acoso que yo y gente querida hemos experimentado en toda nuestra vida, es decir casi la mitad de mi vida he pensado en estos temas, no me avergüenza decir que más de una vez me he decepcionado de mi feminismo y de los espacios donde se predica, lo digo así porque en ocasiones pareciera que lo nuestro funciona como una religión y es justo cuando se acciona como un sistema de creencias sin un fundamento y acción específicas cuando deseo por momentos mantenerme al margen. Esta digresión tiene que ver con el hecho de que como lo mencioné, por fortuna últimamente se han socializado los conceptos de feminismo, género, violencia sexual, por mencionar algunos, no obstante en los diversos espacios, sobre todo en las redes sociales, me parece que se deja de lado la reflexión seria sobre nuestros problemas como sociedad y en sí los fundamentos y las bases políticas e incluso teóricas del movimiento. Últimamente todo mundo se dice feminista y qué bueno, seguramente Mary Wollstonecraft, Millet, Jo Freeman, Shullamit Firestone, Hélene Cixous por mencionar poquísimas tatarabuelas, abuelas y madres del movimiento deben de estar conmovidas porque es este lado del mundo un puñado de mujeres y hombres se dicen feministas, pero ¿qué tanto del discurso representa una práctica positiva para la creación de una fuerza política que rompa las prácticas de sumisión y violencia? ¿Es necesario que sigamos separándonos para proponer relaciones igualitarias? ¿Cuál es el verdadero peso político esta ola de feminismo dentro del sistema jurídico? Hoy como hace siglos resulta necesario crear una verdadera agenda política que incluya todas las desigualdades que como sociedad nos aquejan. Nunca dejaré de lado el hecho de que las mujeres vivimos en términos de violencia y desigualdad que se sustenta de manera permanente, pero el problema francamente es todavía más complejo. En general la sociedad mexicana vivimos un estado de excepción donde esa violencia y desigualdad se reproduce en todos los espacios y ataca a todos los ciudadanos, en general todos nos sentimos violentados y desolados, desde luego que no es gratuito que existan focalizaciones de violencia sexual, pero no estamos viendo la fotografía completa. Nuevamente lo personal es político y por eso creo que las relaciones de género y poder nosotras las estamos reproduciendo de manera donde no todos caben en nuestra idea de sociedad ideal ¿acaso existe una? Si tenemos claridad en la idea de justicia y cambio de los sistemas políticos necesariamente los cambios se verán reflejados en estas relaciones que espero en un presente cercano se palpen como horizontales, pero me mantengo firme en el hecho de que para que eso suceda es necesario voltear no solamente al pasado de nuestros feminismos, sino a todas las realidades y con todos sus actores, es necesario vernos desde nuestro ámbito de lo privado, juzgarnos y repensar qué estamos haciendo para que la desigualdad, violencia y negligencia sigan perpetuando la política actual. Mujeres, queers, hombres estamos dentro del mismo útero que espero, llegue a buen parto.

miércoles, 8 de junio de 2016

Maternidades secuestradas

Afuera, un hombre amoroso canta una canción de amor para intentar calmar a su hija de casi diez meses... la guitarra y el llanto intermitente de mi hija acompañan esta entrada. Finalmente hace un mes visité la exposición de Mónica Mayer, Si tiene dudas pregunte. Tuve la fortuna de hacerlo en la visita guiada que la propia Mónica hace desde el inicio de la exposición en febrero. De manera incansable, como su propio trabajo y con la única finalidad de integrar al público, parte pendular de su obra, acompaña a la exposición que gracias a la curaduría de Karen Cordero en general funciona como una pieza. No negaré que la emoción me embargó al verla de nuevo, como hace diez años cuando me concedió una entrevista para mi tesis de licenciatura, pero en el fondo estaba emocionada porque mi pareja y Vida me acompañaron a una fase más de mi trabajo, ellos hicieron su recorrido por su parte, no deseábamos que el llanto de la bebé interrumpiera la experiencia de las demás integrantes del grupo. Pero ahí estaban, dispuestos a experimentar esa otra cara de mi maternidad, mi trabajo como socióloga y escritora. Ya se sabe que Mónica y su estilo de stand up es inigualable, todos los años como performancera han hecho de ella una mujer con una agudeza y sensibilidad únicas entre las chicas de su especie, lo digo de esta forma porque en mi trabajo me he enfrentado a trabajar con otras artistas que no siempre son tan abiertas, seguras y directas como lo es una de las formadoras de los emblemáticos proyectos Polvo de Gallina negra y Pinto mi raya. Desde hace diez años cuando me recibió en su casa noté inmediatamente su calidez y compromiso político, claro en aquella época yo no era sino una chica tímida y en ciernes de una formación académica que ahora lo sé, no terminará nunca, pero, a pesar de mi ingenuidad pude notar que esta mujer dejaría su impronta para siempre en mi conciencia política y en mi gusto estético. Durante estos diez años, me salí y regresé al feminismo, a los estudios de género y la única constante es que siempre aparecen muchas dudas sobre nuestro tiempo y sobre mi propia condición política, así como mi experiencia cotidiana dentro de mis roles. Lo digo así porque aunque en este blog he hablado sobre aspectos de mi vida que fundamentan mi praxis política y mi propia poética, creo que muchas veces he intentado marginalizar mi condición de madre frente a mi propio trabajo. Me he autocensurado, no sé si decir que el germen del machismo engendró un miedo a exponerme públicamente como madre, pero lo cierto es que todavía hace unos meses me estremecía que en el posgrado o en nuestro círculo de amigos, escritores, artistas plásticos, se me viera como una madre, como una mujer a la que hay que darle chance porque ahora es madre... y bueno, esa es la verdad, soy madre y además escribo y publico y hago una tesis, y tengo aficiones por la fotografía y sí, hago pasteles y una que otra vez me tomo unos gins, a veces algunos de más. Entre otras muchas cosas, la exposición retrospectiva del trabajo de Mónica Mayer me ayudó a confrontar dos miedos que muchas veces hacen que me autocensure, el miedo a la maternidad desde la luz pública dentro del quehacer académico y artístico y el miedo a exponer públicamente los diversos acosos que he vivido. El segundo punto lo discutiré en otra entrada, pues es obvio que luego del 24A con todo lo bueno y lo malo que ha sucedido el tema por fin salió a la conciencia social. Si algo puedo decir sobre la exposición y el efecto que tuvo en mí, fue el hecho de repensar la maternidad, los roles a los que nos enfrentamos y esa situación de maternidad secuestrada que vivimos constantemente, por el otro es cierto, pero también por nosotras mismas, o al menos en mi caso. La pieza Maternidades secuestradas y desde luego Maruca la mala madre crearon una confrontación sobre mi idea de la maternidad, pero también sobre cómo lo vivo de manera cotidiana. Vi entonces como sí hay un efecto de autocensura en mi trabajo, como si fuera una mácula, como si viviera con miedo de que los demás no me tomarán en cuenta porque crío a mi hija... como si la maternidad fuera un efecto lobotomizador. Debo de decirlo, me sentí aliviada, no solamente eso, me sentí tan acompañada en este proceso que muchas veces es muy duro. En las siguientes entradas seguiré hablando de la exposición, a casi un mes de que termine, sin embargo deseo terminar con un hecho que nos marcó para siempre como pareja. Cuando nos vimos al final de la exposición, noté que Conde estaba sumamente conmovido, tenía los ojos enrojecidos... me dijo que hacía años que una exposición no lo había tocada de la manera que el trabajo de Mónica lo había hecho, tenía un brillo como el que yo tenía cuando estaba embarazada, con toda soltura me estaba entregando mi maternidad trabajadora. Las piezas activaron en nosotros una idea de maternidad y paternidad igualitaria. Afuera, un padre está dando de desayunar a Vida mientras yo escribo estas líneas.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Hace tiempo escribí en este espacio que no publicaría cosas sobre la maternidad que ahora asumo. Con el paso de los meses descubrí que aquello resulta imposible, los cuidados de mi hija bordan una impronta que no puedo simplemente dejar de lado. Supongo que esa idea tenía que ver con el miedo a dejar de lado mi vida, como si de repente temiera ser desdibujada por el peso de la responsabilidad y de todo lo que conlleva ser madre de tiempo completo. Es curioso porque siempre he estado sobre la pauta del feminismo y los estudios de género, pero igualmente admito que los lugares donde me he habitado durante mi experiencia de vida siempre me han implicado un extenuante trabajo de aceptación. Es decir, toda vez que me introduzco en un rol como hija, como amante, como mujer, como mujer bisexual, como socióloga, como escritora, como latinoamericanista, como esposa, ahora como madre, me llevan a definirme como un todo en ese rol. La carga cultural de cada rol re-semantiza en mi estructura mental una imagen de mí que muchas veces no reconozco y que me lleva al agobio sin más. En los episodios donde me he encontrado en un diván hablando de la angustia que me producen estos roles la amenaza que sale a la luz tiene que ver con que no me siento del todo cómoda o que simplemente me siento en falta. Ya se sabe que el deseo se apropia de todo y es ese mismo el que nos ayuda a sobrevivir, pero a mis casi treinta y dos años no logro comprender del todo ese afán de separar cada espacio de mi propia conciencia, como si viviera en un continuo estado de fragmentación. En estos seis meses donde Vida cada día me enseña que la perseverancia es el único respaldo que nos queda para no enloquecer, lentamente he llegado a comprender que no es posible separar mi trabajo de mi rol como madre, mucho menos porque por ahora trabajo en casa y menos aún porque ella colma todos los rincones. Inflamada de contradicciones y cuestionamientos caigo en el punto de que puede que exista una culpa inmersa en los diversos procesos de aceptación de cada uno de los roles que he adquirido. Como si sintiera que hacía el exterior debo disculparme porque soy bisexual, o esposa o madre y en este último rol, los tiempos toman un rumbo distinto, el ritmo no es que sea más lento, sino que es más inconstante. Todavía recuerdo que hace un año cuando di la noticia en el posgrado acerca de mi embarazo me sentía temerosa, incluso algo avergonzada, aunque curiosamente recibí mayor respaldo del ala masculina que de la femenina, luego platicaré sobre eso, en realidad me sentía algo irresponsable, como si hubiera defraudado a alguien y claro, luego está el rol de escritora, aunque ya se sabe que en realidad no tengo una vida activa en la pequeña república de las letras mexicanas, ese ínfimo espacio que he tejido en torno a lo poco que escribo temía que fuera a desaparecer o mejor dicho, no sabía cómo entretejer ambos espacios. El personaje que he tejido desde mi escritura, la Fabiola Eunice que comenzó a escribir acá como una chica en su veintitantos no tiene que ver con lo que ahora soy, por fortuna ni con la manera en qué escribo, ni con las lecturas, pero tampoco con los intereses. Sé que no quería ser esta clase de madre que de todo se agarra para visibilizar que lo es. La verdad es que con el tiempo una comprende que a nadie le importa lo que cada quien hace o es y vaya que duele reconocerlo, pero una vez que se interioriza esta situación, cuando el fin de la frustración llega, una puede ver la fotografía completa. Mi falta de producción nada tiene que ver con que sea madre, hace cuatro años que llegué a la Fundación para las Letras Mexicanas y dos desde que salí y no he publicado mi primer libro, tampoco he publicado muchos artículos y este blog siempre lo dejo a la deriva, creo que no me he comprometido seriamente con mi trabajo ni con mis deseos, pero sigo en la línea de fuego. Para cerrar esta sarta de digresiones entorno a mi experiencia entre la maternidad y el trabajo de escritora, puedo admitir que la manera de envilecer la maternidad tiene que ver con la autocompasión. Tengo unas ganas infinitas de ir a la exposición Si tiene dudas... pregunte de la artista Mónica Mayer, me parece que su trabajo deja muchas pautas sobre los temas de roles femeninos frente al trabajo creativo, espero ir en estos días y compartir mi experiencia de cara a sus piezas. En fin, el café se ha terminado y Vida no tarda en despertar. De nuevo amanece sobre esta ciudad que siento que reclama mis pasos acompañados de una niña que me enseña como vivir. Soy una mujer del alba.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Hoy por la tarde tuve la oportunidad de terminar un ensayo sobre William Hazlitt y el arte del paseo inglés. La verdad es que estaba fuera de mi dead line y no voy a poner a mi hija como excusa, porque lo cierto es que siempre he entregado trabajos escolares, colaboraciones y participaciones para certámenes literarios justo el día de cierre... Así que fiel a mi tradición, apenas y lo entregué en tiempo. Una de las cosas que más amo sobre los ensayistas ingleses del siglo XIX es justo esta libertad de la que hacen uso en la forma y fondo de su prosa. Para alguien que ama el ocio, ahora más con añoranza, el sólo pensar en las fronteras mentales que una caminata sin rumbo y con duración de más de tres horas puede derribar, me otorga un profundo placer. Aún cuando por el momento no puedo hacer tales paseos, en el fondo me siento plena al pensar en todas esas horas que gasté de la manera más bella al caminar sobre todo por esta ciudad sin rumbo fijo. Tantas cuadras donde me detenía a mirar vitrinas, a perderme en fachadas de casas que me gustaran imaginando la vida de sus moradores. Cuántas veces no peligró mi vida al punto de que casi me atropellaran por no percatarme de que el semáforo estaba en rojo, y no lo veía porque me había entregado del todo a deambular por mis pensamientos. Tampoco es que fueran paseos idílicos, muchas veces tuve que soportar los tufos vomitivos de calles como Dieciséis de septiembre en el Centro Histórico, de salidas de metros como Tacubaya o de cualquier lugar donde hubiera un puesto de fruta, lo lamento pero los humores que emanan de los desechos y el agua sucia siempre me han parecido nauseabundos, pero de cualquier forma, esos olores eran parte de las escenografías por las que tantas veces me interprete a mí misma. No voy a negar que extraño profundamente esas kilométricas caminatas.Mis muslos con tendencia a ser rollizos lucían mejor a causa de las largas avenidas que recorría a diario, pero este tiempo de guardar se vuelve un espacio rico en ocio, además de ser significativo porque recreo esos paseos e intento rescatar esos pensamientos que por suerte aún flotan en mis libretas de trabajo. Creo que el ciclo de tales recorridos están completos, pues el símbolo queda develado en estas notas donde no sólo replico la libertad que cada paso me dio, sino que en esa misma me veo reflejada, pero desde este otro espacio igual de complejo y grato que es mi casa. P.d. ¿Algún lector podría recomendarme un té que vaya a la par con este sentido de libertad? Creo que el early grey ha comenzado a aburrirme...

martes, 3 de noviembre de 2015

Cuando comencé a escribir este blog las cosas eran muy distintas. Todo mundo tenía uno, era el apogeo de las redes sociales y yo como buena veinteañeros no quería quedarme fuera, mucho menos por mis pretensiones de convertirme en escritora. Han pasado casi seis años, ahora casi nadie escribe en blogs, en parte porque muchas publicaciones digitales nacieron y han acogido a buena parte de mi generación o posteriores para que nos enteremos de sus vidas e ideas, en parte porque justo crecimos y con ello, supongo, creció el fin del tiempo de ocio. Ahora nadie tiene tiempo de tirar líneas al vacío, líneas sin remuneración de ningún tipo. Yo no sé si logré convertirme en escritora, además me convertí en madre y claro, no tengo tiempo de casi nada. Con el paso de los días y los minutos de ocio que en una semana apenas y alcanzan para completar una hora, he llegado a la conclusión de que en el fondo yo también cambié, no solamente por los dos puntos mencionados, sino porque creo que cambié tanto que no me reconozco del todo en la forma de este blog, ni en su estética, ni en su pretensión. Francamente después de pasar por una cesárea vista por mi pareja, por los rezagos de mi cuerpo que otrora devenía infinito y firme placer, luego de reconocerme en los miasmas de mi hija, no puedo sino sentirme real, libre de capas protectoras, pretensiones estilísticas y de inconsciencia de clase, en fin, yo simplemente ya no tengo nada que esconder ni maquillar. Mis estrías, mis miedos, la total falta de manejo de situaciones incómodas, todas esas a las que las madres primerizas se enfrentan, mis alegrías todo eso que mi cuerpo contiene desde el parto se traslada de apoco en mi escritura. Cada marca e intersticio guarda un momento doloroso o placentero, una microhistoria que se desata desde mi dermis hasta esta prótesis. En el fondo, para mí eso es la escritura, una prótesis de aquello que nos falta, pero que nos es imprescindible. Siempre nos reconocemos en la falta y es esta misma la que nos hace movernos, gritar, llorar y amar. Hoy realmente ha sido un día complicado, mi hija no paraba de llorar, un pago por un trabajo que hice para la universidad donde hago mi doctorado no ha sido ni siquiera gestionado y claro, he tenido mi sesión privada de llanto ante la enorme frustración que siento por no poder escribir mi tesis de manera constante y porque odio no saber qué hacer para consolar a mi hija, sin contar todas las cosas desagradables en las que pienso cuando más cansada y frustrada me siento. Pero entonces, después de que mi compañero llegará con sushi y me diera tiempo para hacer ejercicio y relajarme mientras él cuida a nuestra hija, pensé que otra cosa que me molesta es no escribir siendo yo misma, en sí no escribir. Estas digresiones tienen que ver con algo que escribí en mi face luego de la decepción que sentí al perder dos concursos literarios, en ese momento me dí cuenta de que nunca ganaré nada, puede que mis dos libros jamás sean publicados, pero ya no importa, porque esa marginalidad me daría el espacio y tiempo para ser quién siempre he querido ser, bueno y heme aquí, sin nada que perder. Definitivamente las cosas han cambiado, ningún patán me hace creer que me quiere, no me interesa pretender ser quien nunca fui y sí, llevo una vida donde el espacio de lo doméstico se come casi todo, pero no seguiré desistiendo de escribir y puede que de cocinar, alguién más ama a Rachel Khoo's o Master Chef?

lunes, 29 de junio de 2015

Sobre las ganas de no hacer otra cosa que escribir. Primera parte.

De unos meses para acá me ha dado por pensar en el hecho de que quizá tengan razón aquellos escritores que reclaman la necesidad de no dedicarse a otra cosa que no sea leer, pasear y escribir. Aunque en realidad hay dos vertientes de escritores, los que dicen que para evitar el bloqueo y tener de qué escribir resulta aconsejable tener un trabajo mediocre, uno de corte burocrático o de oficina que mantenga nuestro cuerpo ocupado y nuestra mente pendiente en tareas secundarias, acaso fáciles y repetitivas. Patricia Highsmith decía, por ejemplo, que es recomendable dedicarse a otro trabajo mientras una se enfrenta al oficio de la escritura, pues de esta manera resulta posible destrabarse de las historias mientras se hace otra cosa. De manera opuesta están aquellos escritores que se sienten más identificados con el tipo de escritor como Montaigne para quien escribir, leer y vivir lo suponen todo. Pienso que las generaciones de los setenta y la mía, la del ochenta, se muestran más atraídos por la segunda opción. En realidad no me sorprende, pues muchas veces yo también he querido dedicarme solamente a este oficio y no hacer otra cosa que dormir, pasear, leer, escribir y quizá bordar. Alguna vez me descubrí escribiendo en el metro algo así como "ojalá me pagaran solamente por hacer aquello que me apetece" pero luego, con una tristeza absoluta, me acuerdo que ya tuve una beca por dos años para hacer exactamente esas cosas, descontando el tedio de hacer entradas para una enciclopedia sobre la literatura mexicana, en general solamente debía dedicarme a escribir y a leer. La verdad es que a la fecha siento que no lo aproveché totalmente. En fin, lo único que me pregunto es si acaso para tener un ejercicio constante con la escritura, será necesario no hacer otra cosa en la vida que hacerlo.

sábado, 20 de junio de 2015

Proyecciones

La última entrada que escribí fue acerca de mis miedos y los profundos impactos que crearon en mi cuerpo y en mi subconsciente. Ninguna de las personas que me rodea, o si es que aún existe algún lector, hubiéramos pensado que en ese momento de tremendo pánico por mi situación corporal iba a tener un revés que me llevaría hacía otros espacio... Tengo ocho meses de embarazo. No me propongo a hablar aquí de esa experiencia, para ser franca no me interesa en lo más mínimo escribir sobre mi proyecto de ser madre, para eso tengo un espacio más íntimo. Pero acá lo que realmente me inquieta es seguir desdoblando mis necesidades como escritora. He dejado muchos espacios vacíos por el miedo que me produce enfrentarme a las páginas en blanco y luego, peor, a las lecturas de los otros. Cumplí
31 años, hago un doctorado y sí, espero una hija, pero esas cosas no terminan por hacerme sentir cómoda o segura de mis desiciones. Durante los años en la Fundación para las Letras Mexicanas pude optar por vaciarme de las capas de ruidos blancos y palabras que resonaban desde mis recuerdos. Proyecté en páginas los imágenes y los deseos que de a poco fueron configurando el presente en el que estoy sentada. En estos momentos solamente estoy tratando de mantener una entrada y ya me propongo si le veré fin. Pero de nuevo, ¿escribir para qué? Como si no fuera suficiente el auto escarnio de no haber publicado aún el primer libro, sin contar el terror a no salir jamás de los papeles sueltos, los ensayos vacíos, las narraciones inconclusas, como si no fuera suficiente el tedio de hacer una tesis, el pánico de no saber qué es lo que vive en tus entrañas, o pensar si acaso esa personita será alguien con quien pueda sentirme plácida. Pero el deseo de proyectarse es más fuerte que el terror al fracaso. Si lo pienso, de alguna manera mi hija será una proyección de mí; en ella he proyectado esas ganas de enfrentarme a la posibilidad de concretar un proyecto. Y aunque yo aun soy criatura de papel, en el cuerpo al que he dado calor y sustento desde mis visceras he suspendido el terror a la imposibilidad de ser madre. Y sí, porque aun soy una criatura de papel es que deseo proyectarme en un libro. Pero las leyes de la fascinación producen esquemas geométricos rígidos, y ya sabemos que la rigidez produce esterilidad. Si René Girárd tiene razón, hablamos de que nuestras obsesiones pueden cegarnos ante la imposibilidad de mirar más allá de la pared que forma el cubo de nuestra percepción.Por ejemplo, el amor no correspondido ante la imposibilidad de ser completado, se traduce en una obsesión que puede transformar a quiénes se encuentran insertados en un tipo de trama triangular, los enferma porque los deseos de maneras inversas se trasladan a cada uno de sus miembros: al despechado, al objeto de deseo y al depositario de ese amor del objeto de deseo que no puede o no quiere ceder al amor del despechado por estar prendado del otro. Esta digresión se justifica porque muchas veces siento que mi amor por la escritura se plantea en una trama triangular de desamor puro. En primer termino me agobio porque no puedo escribir como desearía, o porque no me parece tener el alcance prosístico de otras colegas, o porque no logro traducir que fondo es forma. Corte b llego a la fase de la obsesión y es entonces cuando todo va volviéndose rígido, el bloqueo primero llega a mis dedos y después a mis ideas. Leo mucho, es cierto, pero no consigo escribir nada.Y claro, no logro producir nada, y solamente un tremendo silencio llena la ausencia. En estos meses lo que he aprendido de mi experiencia en suma gravidez es el hecho de que solamente es posible seguir una rutina si se hace lo que realmente se quiere hacer. Debo de ser franca y advertir que me ha sido muy complicado ser sincera conmigo y con los demás, no he logrado admitir de manera simple que no pretendo hacer otra cosa en la vida que leer, escribir, criar a mi hija, dar clases y nada más. De verdad me he saboteado miles de veces, por algún estúpido atavismo, como todos, temiendo un juicio sobre mi espíritu pequeño burgués. Quizá el primer momento que intenté esa franqueza fue cuando entré a la Fundación, pero luego la vida y las necesidades me remitieron a alejarme mucho de la escritura. Después la revelación llegó cuando leí Escritos para desocupados de Vivian Abenshushan, sobre todo "Diario de una vida flotante" y "Notas sobre los enfermos de velocidad". Vivian plantea que el ejercicio ensayístico y la lectura son maneras de curarnos de los males que nos producen el trabajo, el conteo de horas hombre y en sí, todos los vicios del capitalismo salvaje. Admite que el primer paso es darse tiempo, proyectarse en la lentitud del ocio y que el ensayo puede ayudar a parar ese tiempo.
Tal vez eso hace el ensayo: contrastar las velocidades. Se detiene en seco para que podamos advertir nuestro exceso de velocidad.
Pero después entré al doctorado y volví a enredarme en la cadena del capital y la beca CONACYT. No puedo admitir que amo profundamente a la sociología, pero si que le tengo mucho cariño a mi tesis y a mi tema de investigación, sin embargo volví a bloquearme de nuevo y a seguir buscando diques que nublen mi vista y a seguir quejándome de que quizá nunca publique y a sentirme lastimada por ese amor no correspondido. Pero en estas semanas de ocio, donde el fin de mi proyección corpórea se anuncia con cansancio y volumen descarado, me he dado el espacio para pensar las cosas antes del arribo de Vida... La verdad es que no deseo mentirle a ella, tanto o más de lo que me he mentido a mí pues no me interesa ya el éxito, ni en lo académico, ni en lo económico y para que decir en lo literario. Toqué fondo y ante eso, lo único que deseo en la vida, aunque jamás logre mucho o no vea concretada mi proyección en papel es tener el tiempo para leer, escribir y sonreír con Vida.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Esterilidades

El viernes me hicieron toda clase de pruebas de laboratorio. Siete pequeños tubos y medio galón de orina bastaron para darme cuenta de lo frágil que soy. Catorce pruebas en total, diversos tipos de padecimientos que intentan descartar lo que siempre he temido, una condición infecta y estéril que aparece justo cuando creía que todo iba mejorando. La verdad es que he intentado guardar la calma, pues no considero que explotar o hacer sentir mal a mis seres amados y/o cercanos, sean cosas que aun ante el peor padecimiento puedan librarme de mis pesadillas. Pero en el fondo, los terrores emanan de la oscuridad de mi inconsciente. Nuevamente amanezco empapada, sin ganas de dormir nunca. También me he vuelto olvidadiza, todas las contraseñas las he olvidado: las de los bancos, la de la biblioteca, vaya, hasta la del Netflix, igualmente he olvidado donde dejé mi pastillero y para qué mentir sobre el hecho de que aprendí que en estos momentos no resulta buena idea prender veladoras, por lo menos no estando sola. A pesar de sentirme amada y acompañada, un denso frío me envuelve de nuevo, la verdad es que me muero de miedo por los resultados. También resulta cierto que en momentos como este las coincidencias no se hacen esperar pues justo el día que mi padre cumple años de muerto, me darán el diagnostico de mi condición... Pienso que es entonces cuando debería de doblegar esfuerzos, escribir y leer sin parar, pero luego ese frío denso me acongoja hasta la inactividad, me siento paralizada y esa condición claramente me escandaliza, termina por deprimirme. No he dejado de leer, pero no puedo escribir con la fluidez e inteligencia necesarias. El miedo a la esterilidad no sólo tiene que ver a mi terror de que quizá jamás pueda ser madre, sino se expande hasta el punto de que quizá jamás me convierta en una escritora de verdad. En ocasiones he llegado a pensar que siempre seré como el personaje del Libro vacío de Josefina Vicens, puede que este espacio sea lo único que tenga un ápice de condición pública, pues aunque siempre escribo en mis diarios y libretas creo que no he trabajado por un espacio más grande. Puede que como siempre, exagere mi desesperación ante el miedo al fracaso, entonces recuerdo aquello que el Dr. Quirarte durante mis años en la Fundación para las Letras Mexicanas nos repetía:
Leer es también escribir
Pienso que en todo caso sería una escritura íntima, quizá para eL Dr. Q, como para su maestro Bonifaz Nuño, esa sea la verdadera literatura. Para este momento, ya ni siquiera entiendo muy bien cual es el impulso que me hace desear seguir escribiendo, pero debo de confesar que luego de estas líneas, me siento un poco más tranquila. Puede que siga teniendo pesadillas, o que prefiera seguir habitándome dentro de mi insomnio, pero es cierto que he podido diluir unos miligramos de esa oscura capa de nostalgia mezclada con inseguridad.

jueves, 30 de octubre de 2014

Soledades

Hace casi cuatro años que generé este espacio. Lo hice con la intención de escribir y comenzar a encontrar lectores, cómplices que sin conocerlos serían, por lo menos en mi imaginación, compañeros de una vida apócrifa que iría desplegando en cada entrada. Pero me he engañado, no encontré tal espacio, ni tampoco ese acompañamiento, en parte porque lo reconozco, no soy disciplinada con mi escritura, además de no ser tan interesante, y en parte, porque evidentemente los medios y las plataformas han cambiado; en realidad este medio ya está totalmente desfasado y me parece, pocos son ya los lectores de blogs, pero mi curiosidad y miedio al silencio siempre resisten. No he publicado nada relevante, para ser franca, lejos estoy de poder siquiera palpar mi primera novela publicada o aquel libro de ensayos dedicado a mis duelos. Probablemente por todas las cosas que estoy enumerando sea el motivo por el que de nuevo publico una entrada en este empolvado sitio, porque sé que no seré leída, porque me mantendré en un anonimato propicio que sin embargo, me ayudará a seguir ejercitando lo único que me ha mantenido cuerda. La ecuanimidad y equilibrio nunca han sido aspectos que acompañen mis días, mucho menos en el último año y medio de mi vida donde he experimentado diversos cambios que desde luego han repercutido en mi escritura, por ejemplo, ahora escribo desde el extremo sur de la ciudad de México, me casé, volví al ámbito académico y además ya tengo treinta años, ah lo olvidaba, también me encontraron un padecimiento autoinmune; cada una de esas nuevas experiencias en ocasiones me han hecho descubrir un extrañamiento en mi cuerpo, en mi escritura y en cada uno de mis procesos. Puede que este ejercicio me ayude a crear un espacio donde me sienta segura, donde pueda reconocerme fuera de cada etiqueta que me he impuesto, también es cierto que, como siempre, logre sabotearme y extinga el impulso de establecer mi propio tono, un estilo que a diferencia de mis amigos y contemporáneos no he encontrado aún. Ahora sólo me queda esperar que la noche se extinga, que las horas se disuelvan entre páginas de sociología y ese artefacto de Pitol que no me ha acompañado la última semana, esperar que sean las seis e ir al laboratorio, llegar y desear como en ocasiones me sucede, estar en la playa y no sentir nada que no sea la brisa pegando en la arena.

miércoles, 12 de junio de 2013

Procesos

Desde hace meses una y otra vez las frustraciones han asaltado a mis páginas, cada vez más escasas. No soy escritora y mi carrera académica, si acaso en algún pasado podía llamarle de esa forma, se ha esfumado. Todas las mañanas mis dudas destapan todo tipo de inseguridades. Cada vez fracaso con mayor ímpetu, con mayor decisión. Yo misma desgarro mi voz, deshago mis espacios Sigo pensando que mi único asidero son los procesos, que estar en ciernes es mi condición natural, que quizá esa sea mi manera de estar en la literatura. A estas alturas no me importa exponerme, para qué guardar los secretos, si en el fondo todos albergamos el mismo miedo. La aventura se vuelve lacerante. No es mi deseo emular una condición de sufrimiento continúo, pero creo que la literatura en la que creo, sólo es posible cuando vemos nuestra verdadera imagen y después del impacto, exprimir lo que nos queda para poder decir algo que nos haga sentir reales. No sé que pueda salir de un trabajo continúo que en ocasiones llega a hundirme; puede que lo único que valga la pena sea el viaje, sin posibilidad de retorno, hacia el centro de esta selva espesa y oscura.

martes, 30 de abril de 2013

Microcosmos

Noticias desde Liverpool 16, últimos meses.

No he escrito desde hace meses, acaso he tenido mucho trabajo, o simplemente mi gusto por mi blog se ha ido evaporando paulatinamente. Pero no puedo dejarlo del todo.

A estas alturas poco me importa si acaso algunos lectores siguen esperando una entrega. Sé que no es así, pero qué importa, un medio ya en plena decadencia sirve en todo caso para seguir un proceso que por el contrario, como siempre mi voz repleta de diáfana presunción, de a poco va consiguiendo cierta solidez.

Siete meses y las rutas de mi escritura, en prudente calma, han podido albergar ciertas curvas, islas  donde la vida se detiene y no queda sino entregarse totalmente a su contemplación. En ningún otro momento había experimentado un gusto tan obsesivo por los pequeños detalles, por esas formas de vida que por ser tan obvias, tan continuas, conservan sin embargo un mecanismo complejo. Estructuras que presentan un disfraz que frente a nuestra natural miopía, sin mayor riesgo, desarrollan una historia que contiene muchas veces los secretos de todos los fractales.

En un año y medio de estancia mi obsesión se ha agudizado por esos lugares comunes, por esas cosas nimias a las que casi nadie les da el valor, ni siquiera para anotarlo en diarios personales, práctica también un tanto empolvada. Cosas pequeñas, guijarros incrustados sobre el pavimento; papeles sueltos, tickets de todo tipo, envolturas de condones, rutas cotidianas, paseos que en la rigidez de la vida parecen sentencias a continuar, por siempre, recorriendo los mismos pasos.

Esa continuidad de las cosas, ese revés que espera ser unido con cada pieza, estoy segura, presenta la parte que no renuncia a su sentido de plena falta, la única manera de entender lo profundo, lo complejo. La vida sin más.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Breves ausencias

Noticias desde Liverpool 16... Entérese!!

Una vez más me disculpo por la ausencia, pues hace más de dos meses que no he tirado una sola línea en este espacio, cada vez más árido.

En ocasiones me sorprendo dispersa, y apesar de que el presente no es sino un lugar donde el ejercicio de la escritura da cabida hasta a mis caprichos, no he podido seguir trazando la cartografía de mi intimidad sobre el plano de lo público. A lo mejor ya no importa tanto el hacer explícito que he podido comenzar a ser aspirante de escritora, o el poder por lo menos disponer de un tiempo que a la mayoría de las personas no se les dota para hacer lo que más aman. Yo simplemente sé que amo escribir. A veces tampoco ya no importa esa idea.

Son las Islas de las breves ausencias, como las llama Francisco Hernández, lo que en ocasiones intervienen para que yo siga escribiendo de otro modo. Son lugares llanos, de lastimosa languidez: momentos en que el vacío se apropia de las cosas que puedo articular. Y aunque soy honesta y sin vacilar puedo decir que no se trata sólo de tiempos donde lo único que colma es la sordidez o la soledad, también admito que esas pozas aún colmadas de agua jade, no me dejan elevarme y tomar la pluma o el teclado para construir con trazos o palabras. Aun así, me aventuro y confío que escribo, aún con la inactividad de mis manos, no importa si no hay registros instantáneos, acaso, las ideas de la experiencia que se va hilando desde el fondo de la omisión ya me va dando una coordenada exacta para enfocar al ojo lector sobre aquello que durante dicha languidez ha perturbado mi atención. Todavía recuerdo la manera en que sufría porque aún sin dinero ni tiempo que donar, me iba directo al tiempo, medianamente largo, del ocio que siempre de buena o mala gana ha acompañado mi viaje intelectual. Con la mirada perdida, con el gesto perenne y la cabeza sin camisa de fuerza, me he ido una y otra vez con una leve promesa de retorno.

Regreso, sí pero siempre con ganas de perderme la siguiente vez.

De cualquier forma, al regresar, me convenzo que es necesario escribir algo sobre lo visto o incluso escuchado. Ya que más da, si la escritura es un acto no sólo de provocación sino de desgarre, de mostrarse con el deseo de ser vista, de ser masticada. De regreso entonces de la última isla, la valija de Eunice regresa.

lunes, 6 de agosto de 2012

De inercias y memorias táctiles

Noticias desde Liverpool 16... Entérese!!

Los objetos son inertes y sólo tienen significado en función de la vida que los emplea.

Paul Auster


Cada cuatro años por estas fechas en el mundo, sobre todo en los medios, no se habla de otra cosa que no sean las olimpiadas. Para ser franca nunca me han llamado la atención. Tampoco entiendo el sentido que la sociedad le da al evento, o la condición simbólica otorgada a una medalla como símbolo nacional, como una presea que toda una nación gana. 

La mayoría de los ciudadanos sabemos que cuando algún deportista de mi país gana alguna presea de los tres metales nobles, es un objeto ganado por el trabajo que la deportista logró en conjunto con sus entrenadores. No hay más sobre la pista, sino la falta de una política del deporte capaz de refrendar con el trabajo, la entrega de recursos, la calidad, pasión y estrategia para concebir ese éxito. Cuando la situación, en un remoto instante, ocurra, quizá pueda admitir que cada medalla es un trabajo en conjunto: un símbolo de identidad.

Sin embargo, mi padre celebraba con deleite estas fechas. Era una fiesta donde él se sentía incluido. Mi padre me inculcó, por así decirlo, el placer de ver en la pantalla negra puntitos de deportes cada domingo, e incluso los últimos sábados, cuando el pugilismo hizo su arribo sobre el panorama de los deportes televisados. Sobre el sofá los dos nos encontrábamos a la espera del primer asalto.

En el caso de las Olimpiadas no vió ningún fruto. Nunca me interesaron siquiera, los eventos de inauguración o de clausura. Escasamente guardo el recuerdo de un momento contundente de las competiciones, o de cuando alguno de los deportistas de la delegación mexicana luchó, contra todo, y pudo verse en la cima y con lágrimas de dolor placentero, escuchar el himno de mi país. No tengo memoria de lo que la imagen televisiva reflejaba.

Las Olimpiadas celebradas hace cuatro años en Beijing no fueron la excepción. Recuerdo brevemente lo espectacular de los fuegos artificiales, quizá cuando la clavadista Paola Espinoza logró su medalla. Pero aún siento la mano de mi padre, la fuerza con que tomó la mía y sus ojos abrirse con el mismo gesto con el que se se extienden los párpados de un chico de seis años. Mi memoria de ese momento, que ahora reconozco como instante de felicidad compartida, no es desplegada a partir de una imagen fija o de un video; sino ahora, cuatro años después, la imagen se despliega gracias a una sensación táctil, a un calor que en un sólo gesto resguardó su animada pasión por los deportes. También por un sentido nacionalista, que lo sé y me pesa, carezco.

Ese era mi padre y esa fuí yo. En ese momento las pantallas planas hacían su arribo con la fuerza deslumbrante del océano mercadotécnico. Nuestro televisor era uno de esos enormes cascos grises que ocupaban un lugar en la sala, como cualquier familia clase-media-baja. No había forma de pensar en la adquisición de una pantalla plana, pero eso no impedía la continuidad del deseo. Cada vez que íbamos a algún mall, papá se quedaba boquiabierto observando algún fragmento de la imagen de tradición helénica. Apabullado, no dejaba que me fuera y deseaba, aunque fueran sólo un par de minutos, compartirme su gozo experimentado a partir de ver a las chicas del Volleyball de playa -ese placer aún lo manifiesto- y sentir la promesa del fetiche de la mercancia, vuelto ímago. Para qué soñar con viajes si la claridad de la imagen te suspende el deseo.

Terminaron las Olimpiadas, pero no el deseo de tener una pantalla.

Unas semanas después, en plena depreciación del dolar y el euro, las ofertas por las mercancias no se hicieron esperar. Por el correo llegó la invitación de extender la deuda de mi padre en su almacén de confianza, del cual con orgullo decía ser cliente desde "hace cuarenta años". En ese momento una tarjeta de crédito nos conectaba a un mundo del cual mi padre me hizo párticipe. Ambos ejercitamos la condición fastasmagórica de la mercancía.

La siguiente semana, luego de un corto viaje, fuí recibida con una sonrisa tan suya. Era la mueca de travesura, de sentir un placer que se contrae entre la angustía y lo conquistado. Y ahí estábamos abyectos por la noticia de que había comprado un pantalla de 52". En ese momento me parecía algo monstruoso: su peor compra. Para restituir mi gesto -mismo que ahora observo totalmente fuera de lugar- el día de la Serie Mundial compró unas cervezas para mí pues el ya no podía beber. Vimos ese juego, el último de la serie el 29 de octubre, donde Philadelfia se llevó a casa, por segunda vez en la historia de la Serie, el trofeo tan merecido. Esa fue la última vez que juntos escuchamos el retumbar del bat haciendo un hit. La última vez que nos tomamos de la mano frente a su pantalla.

Han pasado cuatro años, tres Series Mundiales, tres Super Bowls, y de nuevo, otra Olimpiada. Hace cuatro años que no vivo en la casa de mis padres. Serán cuatro cuando papá salió a través de la puerta por ultima vez.

Mañana irá a ver a mi madre, la pantalla sigue comandando la sala. Nadie la prende. Papá no volverá.

Este año el evento celebrado en Londres logró un cambio en la inercia. El deseo extendido sobre el amor por mi padre se concretó al ver  a Paul,  su ídolo, en torno al piano y cantar con el mismo sentimiento Hey Jude: la imagen me devolvió el calor de la mano de mi padre. La escena se rebobina hasta el instante en que su mano me aprieta con tierna fuerza viendo otra vez las Olimpiadas. En ese instante, una mano se encontró con la mía, aplicando una fuerza, una carga distinta.

La inercia fue rota ante la promesa de un nuevo calor congregado, de nuevo, frente a una pantalla plana.


martes, 3 de julio de 2012

El oficio de ser escritora II. Las outsiders

Noticias desde Liverpool 16, ¡Entérese!

Hace unos días que la idea del oficio de ser escritora y el del trabajo político me viene dando una vuelta tan álgida que el mareo producido me paralizó 24 horas, luego de saber los resultados de la votación en mi país. El gabinete blanco de la duda se extendió durante toda una noche. Al día siguiente, al encontrarme con mis iguales en pleno reclamo político, todo volvió, como la propia marcha, a encontrar en el camino una alineación de mis ideas.
 Existe una condición particular desde la marcación de escritora que me permite considerarme como sujeta política. Mi condición de género me da el poder a través de mis lineas de consignar incluso lo que observo en mi cotidiano, aquello que veo no sólo obstaculiza sino trata de eliminar los intereses, derechos y obligaciones de la sociedad en general. Esa es mi posición y desde luego atiendo a aquellas que consideran una condición no subjetiva, sino totalmente individual de la escritura. Esa concepción del arte es totalmente válida, políticamente correcta.
Sin embargo, en mi caso como establezco este lugar o mejor dicho no-lugar político, es el momento de revisar un par de aspectos significativos en el trabajo de la escritura. En la siguiente entrega definiré el aspecto de la intimidad, bien orientado por Alan Pauls en su texto El fondo de los fondos, pero acá me parece importante definir ese lugar complejo.
El hecho de que la escritura siga siendo un trabajo no sólo poco valorado a nivel general, es ya de por sí alarmante. La postura es  normativizada por diversos círculos sociales, incluso académicos, donde la literatura no es un espacio por sí mismo contemplado como una carrera, un oficio. Resulta risible cuando en diversos momentos he escuchado y leído que son espacios para las mujeres. Incluso en espacios no cercanos a las humanidades y las artes, determinan que es una cuestión de género y justo el femenino es el que debe establecerse en esos lugares. Desde luego es una apreciación errónea, además de sexista, pues no es un secreto que aun en esta época pocas, muy pocas mujeres nos colocamos ante la vida social como escritoras, sin mencionar el hecho de que todavía son menos quienes logran publicar en revistas o editoriales "prestigiosas" sus novelas, ensayos, poemarios y libros de cuentos. Si bien es mayor el numero mujeres que cada año logran publicar, aun el mundo editorial sigue siendo un mundo masculino, cerrado y clasista.
El costo más allá de que no exista un número nutrido de libros y artículos hechos por muchas más mujeres, otras que no sean las de siempre, genera una tensión entre los círculos literarios femeninos, misma que no sólo logra cerrar a manera de protección la postura ante el otro género, sino a nublar la percepción y seguir cayendo en arcaísmos del femenino. Establecen algunas incluso, un mujerismo insultante.
En 1938 Virginia Woolf publica Tres guineas, ensayo literario donde confronta su intención política frente a la condición de la guerra y sus causas. Entre las muchas cosas que diferencían  a esta obra en la historia literaria del siglo XX, es el hecho de objetar que muchos de los costos sociales y políticos por los que atraviesa la humanidad se debe precisamente a la falta de acceso de las mujeres a las universidades, así como a la mejora de la educación en las universidades femeninas. Con giros lingüisticos y un estilo epistolar Woolf se atreve a cuestionar duramente el sistema paternalista y capitalista que no hace sino conducir a la sociedad a un verdadero caos y desgobierno de sí. Sin embargo la autora de The waves, no sólo cuestiona o crítica la postura del sistema occidental masculino, no sólo se limita a criticar a la clase monárquica inglesa, pues realiza duras críticas y análisis al sistema fascista de otros países resultado de que su hermano muera en la Guerra civil española, conduce como sólo una persona congruente puede hacerlo a una alternativa.
En el tercer capítulo de Tres guineas crea a través de la innovadora figura de los otros, de las outsiders, una postura de cómo crear otra sociedad fuera de los aparatos ideológicos y las máquinas deseantes masculinas. La sociedad de las outsiders se establecería como una sociedad donde se tomarían otras vías que no fueran las bélicas para llevar al crecimiento humano de esa sociedad tan golpeada por la guerra y el deseo de acrecentar las economías personales. Es clara la postura de Virginia al determinar que ella se desmarca de la condición de tener una patria, una por la que se deba luchar, pues su condición de mujer le permite observar una condición universal, humanista de lo que puede ser el bienestar común, los derechos de igualdad y fraternidad más allá de las fronteras y lo géneros.
En estos momentos parece necesario no sólo revisitar dichas ideas y el concepto en sí de las outsiders, sino apropiárnoslo y refrescarlo. Una sociedad contemporánea de las outsiders, permitiría la confrontación de la condición de mujeres frente a los aparatos ideológicos del Estado y de los círculos cerrados, masculinos o femeninos, para ingresar en este caso desde la literatura a la posición crítica de la sociedad. Sería como promover las subjetividades, que no es lo mismo que el individualismo, en los marcos de interpretación social, donde la acción política a través de la praxis estética pronunciaría de primera mano, quitar las fronteras del género y después, las erróneas lecturas frente a la conciencia de clase. Un espacio donde hombres y mujeres son necesarios para la producción de esta nueva sociedad que desde su propia trinchera, sale del proceso de la intimidad propicia para el ejercicio de la escritura, para entablar con el otro ese diálogo tan necesario en estos momentos de gran intensidad política. Las outsiders (hombres y mujeres) salen a las calles y reclaman su derecho de participación política; crean la lengua en otra lengua, narran la historia literaria y política de este país.

miércoles, 20 de junio de 2012

El oficio de ser escritora. Primera parte.

Noticias desde Liverpool 16... Entérese!!

En otros momentos he hablado sobre la mediana salud, casi buena, con la que cuenta la literatura de mi generación. Cada día mi optimismo crece más pues me encuentro inmersa en una casa donde veinticinco escritores en ciernes, vamos desplegando nuestros mundo paralelos. Casi nunca hablo de mi experiencia en la Fundación para las Letras Mexicanas. Prefiero llamarla casa de escritores. En estos meses y en mi sexo fortuito con el teclado y la pluma, me he topado con diversas formas de recrear la lengua, bajo la idea de  la literatura como la invención de una lengua dentro de la lengua.  Si no somos cápaces de crear la poiesis, qué seríamos, sino unos esquizofrénicos que dicen que escriben y no pasan de insertar documento nuevo, que leen y nunca pasan de la página 2 de la primera parte de En busca del tiempo perdido de Proust, a lo mejor de las primeras 10 páginas de 2666. Seríamos como ese cuento de Monterroso, Leopoldo y sus trabajos, nunca podríamos escribir y, sin embargo nos llamaríamos elegantemente escritores.

El cómo una se hace escritora, sigue siendo todo un misterio. No podría explicar en qué momento ocurrió, sólo sé que un buen día tomé mis cosas, me despedí de la academía y comencé a trasladar mis historias a hojas de papel. Así, sólo así. No es raro ese camino, Susan Sontag hizo la misma cosa e incluso apunta que al final, sentía que la academía no la dejaba expandir sus ideas. Sin embargo no deseo hablar de falsas dicotomías, mucho menos de correspondencias erróneas, uno es escritor y ya. A lo mejor, la única primicia que tengo es la invención del escritor en la medida en que a diario, como cualquier otro oficio, la construye sin parar, hasta que una buena noche, si es posible con ginebra o un shiraz, Thelonius Monk de fondo y un par de gatas coquetas y festivas, consigues tu propia vida, la escritura como el único fin.


lunes, 21 de mayo de 2012

Amor que se mide en calles...

Noticias desde la zona centro de la ciudad... Entérese!!

Parece increíble que durante más de ocho años me he dedicado a hablar sobre la ciudad. Cuando dimensiono lo que he hecho en sus múltiples espacios e intesticios, evidentemente no me parece tan arriesgado pronunciar para ella un amor tan desafiante como el que se le ofrece a un o una amante que en el fondo, se sabe su pérdida. La única primicia que tengo es que de ella no podré zafarme nunca... mejor así.
En ella he pasado mis grandes gozos, en sus avenidas disfruté de la compañia paterna relatándome sus historias sobre su infancia. Sobre las vitrinas de sus dulcerías experimenté el noble deleite de llevarme a la boca la primera pepitoria, tan dulce como la que relata Gonzalo Celorio en su novela,  Y retiemble en sus centros  la tierra. Al interior de sus cantinas he dejado mis vociferantes carcajadas y también mis memorias con sal de tristeza que escarchan  una bola oscura y fría. En los espejos de sus hoteles contemplé los primeros planos de la penumbra amorosa, por sus almacenes se ha deslizado mi hálito capitalista, incluso lumpenburgués y en sus librerias aprendí la condición del verdadero amor al compartir con mi padre los primeros rasgos del deseo de ser escritora. Una experiencia en general quizá alejada de mi generación; puede que en mi memoria existan más lugares e imágenes, pero lo cierto es que son las únicas que edifican una conexión fuerte en mi tránsito vital.
No podría ser de otra forma. Y aunque en mis textos un recubrimiento negro envuelve el deseo constante de quererla poseer, entiendo que debo ejercer la educación sentimental que he obtenido desde mi adolescencia de Patti Smith, déjala libre, si regresa, es tuya. Es cuando pienso que cargo en el cuerpo, en mis residuos, en mis letras, la dádiva del amor que siempre está en falta, esa misma que me hace extrapolar mi deseo, mis fantasías hasta materializarlas en lo único que me pertenece, aunque sea por un breve tiempo, mi escritura.